¿Y qué harás damisela?

Te elegí como amiga y compañera,

idealizada musa, en su momento,

una suave mañana en primavera.

Mágicas ilusiones en el nido

día a día bañando los anhelos

sin señales de cuerpo decaído.

A pesar que el amor sigue viviendo,

alimentando unión con mil detalles,

como río sin beso de los valles

el dolor de mi amor estoy sintiendo.

Ha muerto la ternura de estos años

-la pareja real ahora somos-,

me retiro sin divas en los domos,

envuelto por la burla y los engaños

Haciéndote sentir tan deseada

-vivías en el hastío y la indolencia-,

con misterios y encantos en cascada

-por mí no te sentías  cortejada-.

¿Por qué no desnudé tu confidencia?

Fenecen fantasías en el lecho

-mentido de saciar tus exigencias-,

celoso de borrar  viejas carencias

-un puñal frío clavas en  mi pecho…-

No puedes ya aliviar serias dolencias.

Talo la negra selva de tu cuento

abriendo la cortina del silencio,

en el manto del tiempo mi lamento.

¿Y qué harás damisela?.

Tu afrenta no se irá  con la ventisca;

mi dolor no desvela,

hoy soy piedra, mañana la arenisca.

Encontraré la dama de mi cuento

la ribera y el mar,  olas y viento.

Yo seré el dulce rey, tu una plebeya;

meditará el vasallo una y mil veces

ser protagonista de tu crisopeya

@gisell_v

Agua, viento, sol y luna

Agua, bajo cielo desnudo o en guarida

refresca el manto de tierras destruidas

renaciendo las simientes cohibidas

en pradera por la aridez  imbuida.

Viento, galera de la brizna esparcida,

de verdes anemófilas  invadidas,

arquitecto de relieves sin huída,

base de murallas de agua endurecidas.

Sol, luz palpitante en tu seno nacida

reciben alegres aguas convencidas

que todas ellas no serán absorbidas

camino a nívea nube desposeída.

Luna, por lo interminable revestida,

testigo de las aguas del mar blandidas,

con mesura del tiempo comprometida,

espejo del sol en horas deslucidas.

¿Qué será de la tierra con sus partidas?

La leontina de fauna contravenida,

los matojos dormidos  en estampidas…

En esta tierra noble no habría vida.

@gisell_v

Aquiles Nazoa Julieta y sus Dos Amores

Julieta, muchachita muy coqueta,
Tiene dos caballeros de conquista:
El uno extrovertido y deportista
Y el otro soñador y mal poeta.

Mientras éste le escribe una cuarteta,
Aquél, seguramente más realista,
La invita por teléfono a que asista
Con él a una fiesta de etiqueta.

Y los domingos, mientras nuestro bardo
Con rimas pule el cupidesco dardo
Y transfiere al papel su llanto mudo,

Ella, la florecilla que él describe,
Se pasa todo el día en El Caribe
Llevando sol con su Tarzán peludo.

Rafael Cadenas Rutina

Me fustigo.
Me abro la carne.
Me exhibo sobre un escenario.
Allí no ofrezco el número decisivo.
Devorarme ¡mi gran milicia!, pero soy también un armador tenaz.
Sé reunirme pacientemente, usando rudos métodos de ensamblaje.
Conozco mil fórmulas de reparación. Reajustes, atornillamientos,
[tirones, las manejo todas.
A golpes junto las piezas.
Siempre regreso a mi tamaño natural.
Me deshago, me suprimo, displicente, me borro de un plumazo y
[vuelvo a montar el carafresca.
(No se trata de rearmar un monstruo, eso es fácil, sino de devolverle a alguien las proporciones.)
Planto mi casa en medio de la locuacidad.
Me reconstruyo con un plano inefable.
Calma. Ya está. Entro a la horma.

Eduardo Marquina Salmo del amor

¡Dios te bendiga, amor, porque eres bella!
¡Dios te bendiga, amor, porque eres mía!
¡Dios te bendiga, amor, cuando te miro!
¡Dios te bendiga, amor, cuando me miras!

¡Dios te bendiga si me guardas fe;
si no me guardas fe, Dios te bendiga!
¡Hoy, que me haces vivir, bendita seas;
cuando me hagas morir, seas bendita!

¡Bendiga Dios tus pasos hacia el bien;
tus pasos hacia el mal, Dios los bendiga!
¡Bendiciones a ti cuando me acoges;
bendiciones a ti cuando me esquivas!

¡Bendígate la luz de la mañana
que al despertarte hiere tus pupilas;
bendígate la sombra de la noche,
que en su regazo te hallará dormida!

¡Abra los ojos para bendecirte,
antes de sucumbir, el que agoniza!
¡Si al herir te bendice el asesino.
que por su bendición Dios le bendiga!

¡Bendígate el humilde a quien socorras!
¡Bendígante, al nombrarte, tus amigas!
¡Bendígante los siervos de tu casa!
¡Los complacidos deudos te bendigan!

¡Te dé la tierra bendición en flores.
y el tiempo, en copia de apacibles días,
y el mar se aquiete para bendecirte,
y el dolor se eche atrás y te bendiga!

¡Vuelva a tocar con el nevado lirio
Gabriel tu frente, y la declare ungida!
¡Dé el cielo a tu piedad don de milagro
y sanen los enfermos a tu vista!

¡Oh, querida mujer!… ¡Hoy, que me adoras,
todo de bendiciones es el día!
¡Yo te bendigo y quiero que conmigo
Dios y el cielo y la tierra te bendigan!

Aquiles Nazoa Nocturno del poeta y la arepa

Esta noche tiene hambre
la amada del poeta,
y él, temblando de frío,
sale a ver qué le encuentra.
Mas todo está cerrado:
por las calles desiertas
no se ve ni una sola
arepería abierta,
los carros de tostadas
terminaron la venta
y en triste caravana
se fueron ya de vuelta
al son de los crujidos
de sus chirriantes ruedas,
y hasta los botiquines
y bares y tabernas
hace ya mucho rato
que cerraron sus puertas…

Esta noche tiene hambre
la amada del poeta,
y él, igual que una sombra,
cruza las calles gélidas,
en la búsqueda ansiosa
de un lugar donde pueda
comprar alguna cosa
para que coma ella.

Pero todo es inútil,
pues el pobre poeta
en las calles nocturnas
ha dejado las suelas,
y encontrar no ha logrado
ni una taguara abierta
donde comprar un sánguche
de diablito, siquiera,
o una humilde empanada
de caraotas negras
que llevarle a su amada
que lo aguarda famélica.

Entonces, fatigado,
se sienta en una acera,
y mientras de cansancio
los ojos se le cierran,
apoyado en las manos
mira arriba y sueña:

Entre viendo y soñando
descubre así el poeta
que es la noche a sus ojos
una cocina inmensa
con lejanas y blancas
bocanadas de niebla
que a flotantes columnas
de humo se asemejan,
tal como si allá arriba
cocinaran con leña…
y ya al sueño entregado
viendo va mientras sueña
que el cielo es un budare,
la luna es una arepa
y un gran plato de queso
rallado, las estrellas,
en tanto que las nubes
evocan de tan tiernas,
lambetazos de fina
mantequilla danesa.

Y así fue como el bardo
resolvió el problema:
después de rellenarla
de nubes y de estrellas,
la luna en el bolsillo
le llevó a su doncella,
y ésta, que todavía
lo esperaba despierta,
entrándole a la luna
como a cualquier arepa,
se la pegó enterita
sin ver la diferencia

Amor y Fruto

Desconocidas

almas magnetizadas

en un momento.

Almas viajeras

de amoríos sensuales

en el camino.

Amor intenso

de espíritus intuidos

en lo naciente.

Florecen firmes,

bañadas de rocío,

hipando frutos

Los tiernos frutos

de la sutil cosecha,

fueron simientes.

@gisell_v