José Ángel Buesa. A una lágrima

Gota del mar donde en naufragio lento
se hunde el navío negro de una pena;
gota que, rebosando, nubla y llena
los ojos olvidados del contento.

Grito hecho perla por el desaliento
de saber que si llega a un alma ajena,
ésta, sin escucharlo, le condena
por vergonzoso heraldo del tormento.

Piedad para esa gota, que es cual llama
de la que el corazón se desahoga
cual desahoga espinas una rama.

Piedad para la lágrima que azoga
el dolor, pues si así no se derrama,
el alma, en esa lágrima se ahoga…

El Camino de las lagrimas Jorge Bucay

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Soñamos que vivimos un amor eterno y un día nos despertamos frente a una realidad:

Ya no nos aman… ¿Por qué?

Amar también implica correr riesgo, y cuando se ama en verdad se sufre, y como nos cuesta soltar aquello que amamos…

Dejar ir, soltar, esa es la clave y no es fácil porque duele.

Seguir llorando aquello que no tengo me impide disfrutar esto que tengo ahora.

Aprender a enfrentarse con el tema de la pérdida es aceptar vivir el duelo, saber que aquello que era es aquello que era y que ya no es más o por lo menos que ya no es lo mismo que era.

De hecho nunca es lo mismo.

Cuando yo me doy cuenta de que algo ha muerto, de que algo está terminado, ese es un buen momento para soltar. Cuando ya no sirve, cuando ya no cumple, cuando ya no es, es tiempo de soltar.

Lo que seguro no voy hacer, si te amo de verdad, es querer retenerte. Lo que seguro no voy a hacer es tratar de engancharte, si es verdad que te amo.

Te amo a tí …

¿O amo la comodidad de que estés al lado mío?

¿estoy relacionado contigo, individuo o persona?,

¿O estoy relacionado con mi idea de que ya te encontré y no quiero salir a buscar a más nadie?

No te atrapo, no te agarro, no te aferro, no te aprisiono.

Y no te dejo ir porque no me importes,

“te dejo ir porque me importas”