La carta que nunca te llegara

Ya no sé si te amo o te odio, y es que ahora si entiendo eso que dicen que entre el amor y el odio hay solo un paso.

Contigo aprendí lo que era el verdadero amor, supe que mi corazón era indomable ante tu sonrisa, que el mundo se detenía cada vez que me besabas, que el cielo estaba tan cerca que lo podía tocar a cada rato cuando estaba a tu lado, vi las estrellas y las vi insignificantes comparadas con tus ojo.

Cada día sentía que volaba más alto, cualquier cima me parecía pequeña a tu lado, así que me deje llevar por tu mano hasta lo más alto y después me soltaste, me dejaste, me abandonaste para agarrarle la mano a otra, mientras yo caía en un abismo que creí sin fin, cuando toque tierra dolió como nunca algo me había dolido, así que lloré hasta que mis ojos se secaron, y pensé que jamás saldría de esa oscuridad.

Hoy el sentimiento de temor antecede al amor, lo más seguro es me haya perdido más de una oportunidad de ser feliz, aun te recuerdo porque aun te amo, y aunque jamás lo sepas te deseo lo mejor.

Porque te amo tanto que lo único que me interesa es tú felicidad, pero también sé que el tiempo cura las heridas, y que en algún momento venceré el temor de volver a amar que me dejaste clavado en el corazón.

Te veo de lejos y te veo feliz y dentro de mi locura me sonrío porque quiero pensar que es conmigo, y por el otro te odio porque me doy cuenta que no son para mí. Quiero irme lejos donde tu recuerdo no me alcance, pero la verdad es que te llevo en mi corazón, en mi cabeza, en mi piel, así que sería inútil porque tu recuerdo me acompaña.

Por ahora seguiré melancólica y con ese insoportable hueco que se me hace en el estómago. No sé cuanto tardaré en olvidarte o en acostumbrarme a que ya no estás para mí.

Pero le juro a Dios que te voy a olvidar y que volveré a amar, porque muy en el fondo sé que hay algo mejor para mi, así que alimentaré esa idea hasta que sea más grande que tu recuerdo.

Anónimo

Carta a Jacinto Valdez

Barrera 9 de Octubre de 1956

Mi amado Jacinto
Debes venir pronto porque por aquí han empezado a sospechar del baile y del secreto que ni al cura me atrevo a confesar.
Se que me dijiste que no te enviara cartas, y que mucho menos te llamara, pero es que tu me prometiste y como siempre no cumpliste.
Pero esta vez tengo el agua al cuello y pude oír a tu madre cuando decía: “Yo apuesto 10 Ave Marias a que esa ha visto y tocado a la serpiente de un ojo, y que la misma le a picado”. Solo en algo se equivoca es que jamás la vi, pero eso ya no importa porque de la picada pronto se vera la inflación.
Oh Jacinto!, no me falles, porque del dolor de tu falta moriré, y el producto de la picada no disfrutare, porque prefiero morir que saber que tu nunca a tu lado me quisiste tener, Jacinto por favor, que lo que me dice la razón no sea lo que al final envenene mi corazón.
Te amo
Tuya por siempre
Maria D.