Una presunta historia de amor que me relato un taxista

¿Le moleta la radio? ¡Ah!, escuche que bonita es esta canción, ”Oleo de una mujer con sombrero”, del pelao Silvio. A mi me gusta esa parte de que una mujer se ha perdido conocer el delirio y el polvo, y de que la cobardía es asunto de los seres humanos, no de los amantes. Es que el amor es todo amigazo ¿Ah? ¿O no, dice usted? Mire, ¿lo llevo por la Alameda o por Ecuador? Vámonos por aquí no más.

Mire, le voy a contar una presunta historia de amor como yo le digo. Esta historia comienza con una fiesta en el lado noreste de la ciudad, hace 51 años. Es mi cumpleaños número siete, pero además hay otro motivo de celebración. Es que a la casa llega también una tía soltera a sus cuarenta y dos primaveras con un novio del brazo. El primero que le conocemos. Es mi tía Blanca Rosa, acompañada por Tomás. Los recibieron amablemente mi madre y mi padre. También estaba invitado mi abuelo materno y padre de mi tía. El otro motivo de la fiesta es que Tomás viene a pedir la mano de la ya mencionada señorita. El novio era muy alto y elegante, recuerdo. También frisaba los cuarenta y tantos. Era muy caballero y los adultos brindan en el comedor por los siete años del mayorcito, que soy yo. A la hora del postre, los niños, llevados democraticamente a la mesa de los adultos, contamos chistes de Condorito y cantamos ”Marcianita” es decir ”…quiero una chica de Marte que sea sincera/que no se pinte, no fume, ni siquiera sepa lo que es el rock and roll/Marcianita/Blanca o negra/ en el año sesenta seremos felices los dos, etc, etc.” ¿Usted no la oyó nunca?, es que usted es más joven que yo.

Bueno, el mundo -tal como mi tía Blanca Rosa y Tomás- quería otra oportunidad. Estaba atras la guerra mundial y empezaba la guerra fría con Cuba soltándose de las ataduras. Además se pensaba que llegaríamos luego a Marte donde estarían estas marcianitas puras e incontaminadas. En Yanquilandia estaba que ardía el conflicto racial y odioso de los más reaccionarios blancos y creo que por eso la canción decía que la Marcianita fuera blanca o negra no importaba. Sutil saludo anti-racista a la lucha de los hermanos y hermanas de color en el vientre del imperio. Los tiempos cambiaban paro había eternos conflictos limítrofes entre nuestros paisitos, que los gobernantes de turno avivaban de vez en cuando para desviar la atención de sus problemas internos. De pronto, los adultos empezaron a tocar este tema. En un lado mi abuelo diciendo que había que arrasar con los argentinos que ya nos habían quitado media Patagonia. De otro lado, el novio de mi tía que decía que los problemas limítrofes deberían terminar de una vez por todas porque solo servían para entronizar a los gobiernos derechistas y dividir a los pueblos. Mi padre, con instinto de buen piscis y presintiendo que se venía algo grande, solo bebió vino y escuchaba. Mi madre y mi tía Blanca Rosa, a medida que la discusión iba subiendo de tono, hablaban cada vez con menor entusiasmo de los preparativos de la boda; y a nosotros, y a los niños, nos sacaron al pasillo aledaño al comedor. De pronto mi abuelo, recordando multiples hechos heroicos de pasadas guerras y gritando ”¿Que te creís antipatriota conchetumare? ¿Estai con Chile o estai con Argentina?”, se abalanzó sobre quien sería nuestro futuro tío con un cuchillo en la mano. Se interpuso mi padre gritando: ”¡No don Luis, no don Luis!”, mi madre y mi tía chillaban llamando a las dos nanas(la nuestra y la de mi tía), quienes aprovechándose del caos insultaban a mi abuelo diciendo en voz baja: ”La cago el viejo reculiao”. El novio de mi tía ya ex-novio a esas alturas de la noche, tomó su impecable impermeable y despidiéndose fugazmente salió a la helada noche del invierno santiaguino.

Muchos años después le pregunté a mi solterona tía Blanca Rosa que qué había ocurrido con Tomás. Me dijo: ”Nada mijito, nunca más lo vi. Estaba tan avergonzada que no traté nunca más de ubicarlo. Pero desde esa fecha en adelante, cada 30 de agosto, para Santa Rosa, yo llegaba a mi oficina y en mi escritorio había un fresco ramo de rosas blancas como mi nombre y una elegante tarjetita de Tomás saludándome. Así, por muchos años. Yo pensaba ¿y éste no se cabrea nunca? El 30 de Agosto del ‘74 no hubo ramo de rosas. Se habrá olvidado, pensé yo. El 30 de Agosto del ‘75 tampoco hubo rosas frescas en mi escritorio. Se debe haber casado, pensé yo. El 30 de Agosto del ‘76, llegué al trabajo guardando la ilusión… pero no, el regalo había cesado definitivamente como diría Borges. Traté de ubicarlo en el que yo recordaba era su trabajo. Fue fusilado el mismo once de Septiembre del ‘73, me dijeron. Es que era socialista, me argumentaron como lo más lógico del mundo. O sea, 12 días antes de morir aún tenía mi nombre en sus pupilas”, agregó Blanca Rosa. Hace una semana sepultamos a mi tía, murió a los 93. También, creo yo, llevaba el nombre de Tomás en su extinta mirada ¿Lo dejo en la esquina o pasado el semáforo?

Mauricio Redoles/El Ciudadano, segunda quincena de Marzo, 2012

Historia de Amor: Mirar hacia donde no se ve

Alma estaba viendo esa foto por enésima vez. Él, despeinado, con su campera rosa chicle y mostrando sus dientes imperfectos en una gran sonrisa. Parecía feliz. ¿Parecía? No, era feliz; y ella lo sabía muy bien.

Sin saber exactamente como ni por que, él no le era indiferente. Por supuesto que si le preguntaban, ella no diría la verdad. Aunque pedirle eso sería injusto, ni ella misma sabía claramente la verdad.

Lo que sí sabía era que él estaba enamorado de la morocha, una simpática chica que emanaba atracción por los poros. Por algún motivo eso le dolía, ella hacía todo para que sus ojos verdes le increparan sus acciones y nada.

Estaba ahogándose en sus pensamientos cuando una notificación la arrastró hacia el mundo real: “ÉL ha comentado una de tus fotos”. A Alma le palpitó el corazón. “Por fin se dio cuenta que existo”, pensó con una emoción temblorosa. Apresuradamente presionó sobre la ventanita celeste que aparecía en el costado inferior izquierdo y la pantalla de la computadora le mostró una foto de ella junto a la morocha. ¿¡¿Ella junto a la morocha?!? Eso sí que era injusto, nadie podía salir mejor que la morocha y ahí mismo tenía el ejemplo. Sus ojos buscaron instantáneamente el famoso comentario:

”Que buena foto. Morocha, perfil”

Cada palabra que leía le arrugaba un poquito más la ilusión y le recordaba vengativamente que nadie era mejor que esa chica.

– Ah, ni que tener nariz perfecta fuera un gran mérito hoy en día. Un buen cirujano plástico consigue cualquiera. – dijo Alma en voz alta.

Cerró el comentario y volvió a la primera foto. En ese momento tuvo una epifanía y todos los clichés se volvieron para ella… “Me enamoré. Él se enamoró de la morocha. Nadie es mejor que la morocha. NADIE.” pensó Alma.

Nunca más volvió a ver la foto.

Lejos, en la otra punta del mundo, alguien miraba la foto de Alma y pensaba: “Me enamoré. Ella se enamoró del esquiador. Nadie es mejor que el esquiador. NADIE.”

Historias de Amor: Él, yo, ¿la situación?

Probablemente esto no sea interesante para aquellas personas que no quieren leer, bueno… tal vez no sea interesante para nadie, pero como lo leí alguna vez en este maravilloso foro: aquí es a donde vengo a desahogarme. No que esté muy ahogada ni nada de eso.. pero bueno, si les parece importante o quieren dar cualquier punto de vista, pueden compartirlo eso realmente me haría sentir especial… (feelingo forever alone.. haha) bueno, he de comenzar…

Nuestra historia comienza con una mujer, una joven quien aún cree en los cuentos de hadas, en las excepciones y en el destino auto creado. Ella esta a toda costa en contra de las coincidencias pero cree en que el poder más grande que existe es el de la mente, disculpe usted estimado lector que a veces le presente la perspectiva de narrador y a veces la de protagonista, pero así es mi mente; lo invito a adentrarse en las intensas discusiones que se forman dentro de mi cabeza.

Bueno, pero donde íbamos… entonces estaba él y la pasión se sentía en cada beso, pasión y más pasión, con locura.. en su habitación…. ah no… ahí no estábamos; aún no llegamos a eso… Era una hermosa tarde, el invierno se aproximaba pero todavía no sabía que hacer, lo difícil no era crecer, rayos eso se da por si solo, lo difícil era compararse a sí misma con la imagen que tenía para cuando tuviera esta edad. Tenía solo 20años pero ya sentía que no había cumplido con su perspectiva, soñaba, a la edad de 13 que lucharía incansablemente cada día para ser independiente, que cuando tuviera 20 ya sería auto-suficiente; hoy se daba cuenta que esos ideales no eran verdad, eso la decepcionaba. Pero que rayos, -que se puede hacer ya no lo hice y que- se reprochaba a cada momento. -¿Qué debo hacer ahora?- era la pregunta incomoda que no sabía responder.

I

El jovén del cual ella estaba enamorada y del cual trata la historia siempre ha vivido su vida… un día eligió el camino que lo llevaría a ella.

…Contemplaba el camino todas esas personas.. miraba mientras pensaba en lo que acababa de pasar, ésta no era un pelea común, maría no tenia una buena cara todo era demasiado triste, ¿dolía? no lo sé, pero tampoco sé como es estar feliz, eso no puede ser bueno. Hace ya tiempo que había dejado su casa para seguir su sueño, ser un artista no era un sueño fácil de mencionar, sobre todo si ese es el sueño reprimido de tu madre quien lo abandono después de una muy mala pasada. Luche con muchas trabas, con problemas desde el inicio pero terminaron aceptándolo, yo lo quería y estaba decidido a hacerlo, además ellos sabían que ya había probado esa vida una vez, así que terminaron por aceptarlo, -alguna utilidad tendrá- -igual y podemos venderle a alguien lo que haga-; esas fueron sus palabras exactas. Sin embargo, algo curioso ocurrió en el camino algo que me golpeo como un muro que sale de la tierra mientras vas corriendo me enamore, y pues eso no es algo fácil de admitir. Nada dentro de lo común ambos somos muy diferentes, de alguna manera sabemos que en el fondo perseguimos los mismos intereses ambos sabemos lo que es realmente importante y estamos de acuerdo, además somos totalmente autenticos cuando estamos juntos, nada de mascaras… eso es lo que importa, ¿no?..

II

En mi época de lucha yo encontré apoyo en él, estaba literalmente perdida, mi mundo se había derrumbado frente a mis ojos, si; yo lo había pedido, pero temía derrumbarme en cualquier momento. De hecho lo hice. ¿Triste?, más bien feliz… Muy extraño cierto.. Acababa de llegar a una ciudad extraña, yo sabía que no estaba totalmente sola, pero todos aquellos que conocía no estaban cerca, mi sueño era terminar la escuela ser exitosa y regresar como una heroína a mi cuidad solo de visita. Pero no tenía previsto todo el trabajo que cuesta para llegar a esa imagen. Empezó la escuela, la temida universidad, el trabajo fue mu pesado, el cambio se sintió horrible, ese fue el momento en que más alejada de mi familia me sentí, ellos estaban pasando por sus propios problemas, y rayos! mi madre … yo ya no sabía quien era mi madre, recién se había vuelto a casar y estaba jugando al papel de esposa sumisa.. extraño, para ser una madre que crío a todos sus hijos prácticamente sin apoyo de una figura masculina. Mientras que yo me establecía en una cuidad desconocida para mí, ellos se establecían en otra a miles de kilómetros de distancia y por alguna razón la comunicación no era fructifera, bueno, en mi familia nunca hemos sido muy expresivos, pero esto era un extremo.

En fin termine apoyando me en mis amigos, bueno, en las personas que se convertirían en mis amigos, sin embargo, él fue el ser amable que me ayudo a establecerme, el primero que me ayudo a conocer la cuidad y me llevo a lugares que desde entonces no he encontrado de nuevo. Como ambos disfrutábamos los recitales de musica, danza y todo aquello que tuviera que ver con las artes nos daba un excelente pretexto para salir, pero no, al principio realmente eramos solo amigos; no recuerdo exactamente cuando fue que a los eventos dejamos de invitar a nuestros demás amigos y era lo más cómodo del mundo salir solo los dos. Bueno, tengo algunas ideas:

Hacía el invierno más frió que he pasado en esta cuidad, al menos empezaba. Mi casa ya era un poco conocida por las fiestas que ahí se realizaban, en una de ellas todos un poco bajo los efectos del alcohol empezó la sesión de preguntas incomodas, de esas en las que uno se quita de las dudas que tiene respecto a la sexualidad del genero opuesto… estaba yo sentada con tres de mis mejores amigos, incluyendolo a él, por supuesto, mientras ellos me platicaban que era lo que les gustaba en las mujeres, pelo largo y obscuro, altas, bajas, cara bonita, piernas largas, los pósitos que se hacen en la espalda baja.. siguió la pregunta de, con quien de las personas que tenemos en común tendrías hijos, si por supuesto, esa iba para mí.. se me ocurrió la fantástica idea de poner a dos de ellos en mi lista, bueno pues me pidieron un desempate.. yo lo deje en tres personas y no lo deje en más, déjenme mencionarles que casualmente él se encontraba en mi lista. Otra cosa, para que lo tomen en cuenta, cuando él bebe, se le sale decir cosas que no se atrevería estando sobrio. Bueno al momento de que a ellos les tocaba responder yo estaba en la lista de él, dijo… -es que tu eres, así como la mujer perfecta- si, debieron ver mi cara, sorpresa y rubor, que más se puede esperar… poco a poco este hombre me fue ganando… al día siguiente me acompaño a una librería, él solo se acordaba de fragmentos de la noche anterior, (bueno así andaba).. y me hizo confesarle todas las cosas importantes que se dijeron en la noche, la mitad de las cuales eran realmente bochornosas…

Y salimos, y salimos… a mi realmente no me gustaba, pero me gustaba estar con él, me gustaba como me sentía cuando estaba con él, como podíamos no estar de acuerdo y aún así reírnos..

Carta a Jacinto Valdez

Barrera 9 de Octubre de 1956

Mi amado Jacinto
Debes venir pronto porque por aquí han empezado a sospechar del baile y del secreto que ni al cura me atrevo a confesar.
Se que me dijiste que no te enviara cartas, y que mucho menos te llamara, pero es que tu me prometiste y como siempre no cumpliste.
Pero esta vez tengo el agua al cuello y pude oír a tu madre cuando decía: “Yo apuesto 10 Ave Marias a que esa ha visto y tocado a la serpiente de un ojo, y que la misma le a picado”. Solo en algo se equivoca es que jamás la vi, pero eso ya no importa porque de la picada pronto se vera la inflación.
Oh Jacinto!, no me falles, porque del dolor de tu falta moriré, y el producto de la picada no disfrutare, porque prefiero morir que saber que tu nunca a tu lado me quisiste tener, Jacinto por favor, que lo que me dice la razón no sea lo que al final envenene mi corazón.
Te amo
Tuya por siempre
Maria D.