¿Eres un santo o un pecador en el amor?

Es más fácil, que un pecador ame a otro pecador, que un santo a un pecador.

El pecador comprende la imperfección humana. Sabe que no es perfecto y no pide perfección en el otro. Solo pide respeto y amor.

Pero el santo…

Exige perfección en su pareja. Porque es perfecto.

De forma contradictoria, las personas más imperfectas, son las que más insisten en cambiar a los demás. Compruébalo en tu círculo de amistades.

“A ese señor, si no fuese tan santo, sería más fácil convencerlo de que anda equivocado”.

Santa Teresa

Las relaciones entre semi-dioses y humanos nunca han funcionado. En la Biblia, menciona cuando los ángeles bajaron del cielo y tomaron esposas entre los seres mortales. Y eso creó hijos que fueron conocidos por abusivos y malos. Y una enorme multitud de problemas. Esto es solo un ejemplo de los muchos que existen en la mitología, de que este tipo de relaciones no funcionan.

Y recuerda que los dioses están en el cielo, tu…

En la Tierra.

Si tienes actitudes de “santo” reconsidera tus circunstancias. Pon lo pies bien firmes en la tierra y toma conciencia de que también eres imperfecto. Y también puedes amar a un pecador. Porque no se ama lo perfecto. Se ama lo auténtico y verdadero.

Deja de seguir juzgando a tu pareja. Déjala ser y déjate ser.

Y tu…

¿Eres santo o pecador?

Colaboración de Edgar Martínez
México

El amor existe

Hoy quiero hablar del amor, del amor que buscamos, del amor no correspondido, del amor que vive en nosotros, del amor que seremos…

El amor es un sentimiento inmenso que rompe con barreras y límites, invade pensamientos y emociones, genera paz y tranquilidad en el alma, crea ilusiones y sueños, es un suspiro profundo, es llorar de alegría y de tristeza, es valorar al ser amado, es dejarlo libre cuando todo ha terminado, es compenetrar en un todo, es luchar por la felicidad mutua, es un espacio de ensueño..

Es excelso que el amor surja de ambos, pero es difícil cuando no hay esa identificación mutua. Cuando uno ama y uno no pertenece al otro, y cuando te buscan y uno está en su propio cobijo. Es existir en un ciclo de comprensión, espera y tiempo. Es entender que en ese lapso son tú, él, el entorno, tus metas, sus quimeras, el momento… Ni uno, ni el otro están errados. Ambos son únicos y especiales, sólo es el instante de ese encuentro y el universo presente de cada uno.

Es disfrutar los minutos de hoy y anhelarle buenos segundos si ya no estuviera a tu lado en un futuro.

El amor existe y debes vivirlo cuando llega a ti. No hay otra época, es HOY.

Si hoy es tu espacio gózalo y sino, espera paciente porque se te recompensará inmensamente.

 

Colaboración de Nadia Villaverde
México

Por qué duele amar…

A veces entregamos nuestras vidas por alguien que no sabe ni siquiera que es lo que quiere.

Le damos lo mejor; nuestro tiempo, nuestra mas tierna mirada, nuestros pensamientos, nuestro amor. Dejamos de ser nosotros mismos para ser de esa persona solamente.

Y lo mas increíble de todo, es que ni siquiera lo valoran. Entonces porque amamos con locura, para que amar si nos rompen el corazón, si nuestra vida se vuelve un mar de lagrimas ¿Para que amar si tu cielo se vuelve gris?

¿Por qué nos utilizan y nos echan a un lado si amamos con el alma y damos lo mejor que podemos dar? todo sin espera de nada imposible. Solo esperamos una muestra de amor y cariño, un abrazo, un te amo, o tal vez un gracias o, “eres importante”.

Son tantas cosas que nos ocurren que es difícil de creer…

A veces tenemos alguien bueno en nuestras vidas que nos los da todo.

Siempre esta presente cuando la necesitamos, nos brinda amor y nos demuestra que somos importantes para ella. Nos dedica tiempo. Esa persona nos ama tanto que da su vida para que seamos felices…

Pero tal vez andamos tan ocupados con nuestros amigos y pensando en divertirnos que la ignoramos y no nos damos cuenta del bello ángel que esta en nuestras vidas…

Si te cae el sello piensa las cosas bien. Un gran amor no se consigue todos los dias. Es muy difícil encontrar a alguien que te acepte tal cual eres, te de libertad y confianza…

No permitas que eso tan especial que tienes a tu lado se vaya; por que tal vez estas en las de vacilar ahora; pero luego te va a ser falta y nunca mas estará a tu lado…

No es cuestión de chiste ni tripeo ni nada de eso. No importa lo que digan los demás, por que esa persona a la que tal vez has hecho a un lado por tus amigos se siente herida y muy ignorada.

Piensa todo lo que has vivido con ella. Nunca es tarde para darse cuenta de nuestros errores pero acuérdate que el tiempo es mal amigo

Suerte y cuiden lo que tienen.

Colaboración de Karen La Colora

Discusiones en la pareja

¿Cuáles son los principales motivos por los que discuten las parejas?

Las discusiones en pareja son necesarias ante los desacuerdos, lógicos entre dos personas, con el fin de negociar soluciones ante los problemas o expresar opiniones aún con distintos puntos de vista. La pega es que hay parejas que no saben discutir, no se escuchan, no se centran en las soluciones, sino en buscar culpables y defender sus respectivas posturas, a veces de forma agresiva (enfadados, gritando, irónicamente…) así cualquier tema en el que haya desacuerdo, por nimio que sea, es susceptible de provocar discusiones destructivas donde lo importante es ganar al otro. En general, la familia política y la educación de los hijos son temas de discusión recurrentes en las parejas que acuden a terapia para mejorar su relación.

¿Quién suele ceder antes en la pareja, el hombre o la mujer? ¿Por qué?

Suele ceder el más inhibido, el que huye de los conflictos o convive con una persona con un estilo de comunicación más agresivo. No es cuestión tanto de sexo como de personalidad. El que cede acaba con la discusión, aunque no llegue a un acuerdo satisfactorio, a corto plazo cesa la situación que vive de forma aversiva, pero a medio o largo plazo la insatisfacción ante su cesión pasan factura, la discusión puede volver a darse y la frustración y el malestar en la relación se afianzan ante su incapacidad para discutir de forma constructiva.

¿Por qué nos cuesta dar el primer paso a la hora de pedir perdón?

Nos cuesta pedir perdón cuando creo que la culpa no ha sido mía, si culpo al otro del agravio y no me responsabilizo de mi parte de culpa. El enfado tras la discusión y el orgullo no facilitan ese paso. A veces no somos conscientes del dolor causado o creemos que la otra parte exagera. A veces no nos han enseñado a hacerlo o denota una clara falta de compasión, arrepentimiento o empatía.

Y al mismo tiempo, a veces también nos cuesta mucho perdonar. ¿Por qué?

Nos cuesta perdonar cuando ha sucedido lo mismo muchas otras veces o lo que nos han dicho o hecho no estoy dispuesto a perdonarlo. Quizás no hay que perdonarlo todo. A veces perdonamos en el momento, otras es cuestión de tiempo, hay que dar tiempo para el perdón y facilitarlo con arrepentimiento e intención de enmienda.

¿Podría darnos algunos consejos y pautas para facilitar una reconciliación?

Dar un tiempo a que el enfado se pase, no ser orgulloso y  no dejar que un malentendido o desacuerdo ponga en duda una relación con otras muchas cosas buenas. Enfadarte con quien quieres es normal, nos enfadamos con nuestros padres y hermanos, cómo no hacerlo con nuestra pareja. Lo importante es reconciliarse y analizar en frío qué ha pasado, en qué hemos fallado y tratar de corregirlo para que no vuelva a pasar. Ser humilde y aceptar nuestros errores, respetar el enfado del otro y darle tiempo a que esté preparado para perdonarnos y hablar de lo ocurrido.

 ¿Se puede aprender de las reconciliaciones? Es decir ¿es posible que la pareja salga reforzada de una crisis/reconciliación?

Si aprendemos de ello, mejoramos nuestra forma de comunicarnos, expresar desacuerdos y enfados, la pareja sale reforzada y preparada para solventar mejor el próximo  malentendido o desacuerdo. Si no aprendemos ni cambiamos nada, podemos dejar de sacar temas importantes por no discutir, pero que no se resuelven, sino que se acumulan hasta que salen de mala manera y/o en un mal momento, haciendo imposible negociar ni resolver nada.

Y al revés, después de una crisis fuerte y a pesar de una reconciliación, ¿las parejas pueden quedar “tocadas”? ¿en qué sentido?

A veces, tras muchas discusiones, sufrimiento y peleas la pareja deja de sentirse atraída, respetada y querida, haciéndose cada vez mayor la insatisfacción y el deterioro de la pareja. Esta incapacidad de resolver conflictos o respetar y aceptar distintos puntos de vista o necesidades son caldo de cultivo para la infidelidad y la separación.  Si no hay perdón la crisis no se supera.

El Perdon en la Pareja

El daño inflingido al traicionado es muy importante y su reacción inmediata es contra el infiel; pero esta reacción lógica y natural tiene sus problemas. La siguiente metáfora los ilustra y puede servir para explicar al traicionado el camino hacia su salud psicológica. Es una forma de presentar el perdón como método terapéutico, sin mencionar la palabra perdón que tiene muchas connotaciones que pueden hacer difícil entender el proceso terapéutico del perdón.

Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Las hay que tienen la boca grande y hacen heridas inmensas. Curar una mordedura así puede ser largo y difícil; pero cualquier herida se cierra finalmente. Pero el problema es mucho peor si la serpiente es venenosa y te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre. Los venenos más comunes son el de la venganza, el del ojo por ojo, el de buscar justicia y reparación a ultranza. El veneno puede estar actuando durante muchos años y la herida no se cierra, el dolor no cesa durante todo ese tiempo y tu vida pierde alegría, fuerza y energía. Cada vez que piensas en la venganza, o la injusticia que te han hecho, la herida se abre y duele, porque recuerdas el daño que te han hecho y el recuerdo del sufrimiento te lleva a sentirlo de nuevo. Sacar el veneno de tu cuerpo implica dejar de querer vengarse, en resumen dejar de hacer conductas destructivas hacia quien te mordió. Como te decía solamente pensando en la venganza el veneno se pone en marcha. Por eso, si quieres que la herida se cure, has de dejar los pensamientos voluntarios de venganza hacia quien te hizo daño. Indudablemente tendrás que procurar que la serpiente no te vuelva a morder; pero para eso no tendrás que matarla, basta con evitarla o aprender a defenderte de ella o asegurarte de que lo que ha ocurrido ha sido una acción excepcional que no se volverá a repetir.  En la búsqueda de la justicia tienes que tener en cuenta que no se trata de dejar de defender tus derechos, se trata de no buscar en ella un desahogo emocional.

Perdonar es un elemento relativamente nuevo en la terapia, comienza a introducirse tímidamente en los años 70; pero no es hasta los 90 cuando se empieza a considerar una herramienta terapéutica a tener en cuenta (Wade y otros, 2008), aunque sus efectos positivos en la persona son importantes.

Qué es el perdón

Hay consenso en considerar que perdonar consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas. (McCullough, Worthington, y Rachal, 1997).  Algunos consideran que perdonar no solamente incluye que cesen las conductas dirigidas contra el ofensor, sino que incluye la realización de conductas positivas (Wade y otros, 2008). Como indica la metáfora anterior, es preciso dejar de pensar en las conductas destructivas; pero esforzarse en dejar de pensar en algo voluntaria y conscientemente lo único que consigue es incrementar su frecuencia (Wegner, 1994) solamente un pensamiento consciente y voluntario más importante podrá sustituirlo. En consecuencia, para perdonar, es preciso comprometerse, por el propio interés, con el pensamiento de querer lo mejor para esa persona, aunque sea solamente que recapacite y no vuelva a hacer daño a nadie o deseando que le vaya bien en la vida, etc.

Si el proceso de perdón se hace adecuadamente, se modificarán en consecuencia, los sentimientos hacia el ofensor. Aunque algunos autores consideran que son los sentimientos los que originan las conductas, desde la terapia de aceptación y compromiso se parte de que los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones no condicionan obligatoriamente la conducta y que lo importante es la modificación de la conducta, que finalmente llevará a un cambio en los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. Por eso, perdonar no es contingente con la reducción o cese total de los pensamientos o sentimientos “negativos”; no es un estado afectivo o una condición emocional ni una colección de pensamientos y sentimientos; perdonar es una conducta libremente elegida de compromiso y determinación (Zettle y Gird, 2008). Pero perdonar no implica necesariamente la reconciliación. La reconciliación implica continuar la relación con el infiel y, en esa relación, ha de haber conductas constructivas explícitas.

Qué no es perdón

Debido a que perdón es una palabra muy cargada ideológicamente, proponer los pacientes que realicen un proceso de perdón puede llevar a malos entendidos y por ello es necesario discutir con ellos qué es y qué no es el perdón que se propone. Algunos de los puntos que puede ser necesario aclarar son los siguientes:

  • El perdón no incluye obligatoriamente la reconciliación. El perdón se da en varios niveles y, por tanto, no implica necesariamente la reconciliación con la persona, porque la reconciliación es un proceso de dos, mientras que el perdón es un proceso personal. Por tanto, el perdón no supondrá nunca restaurar la relación con alguien que con mucha probabilidad pueda volver a hacer daño.

El perdón no implica olvidar lo que ha pasado. El olvido es un proceso involuntario que se irá dando, o no, en el tiempo. Solamente implica el cambio de conductas destructivas a positivas hacia el ofensor, tal y como se ha indicado.

El perdón no supone justificar la ofensa que se ha recibido ni minimizarla. La valoración del hecho será siempre negativa e injustificable, aunque no se busque justicia o se desee venganza.

El perdón del que se trata tampoco supone obligatoriamente levantar la pena al ofensor y que no sufra las consecuencias de sus actos. Para que se dé la reconciliación es preciso que el ofensor realice una restitución del daño que ha causado, si es posible, o cumpla la pena que la sociedad le imponga. El perdón consiste en que el que perdona deja de buscar activamente que se haga justicia y es parco en las consecuencias que busca y no intenta obtener una descarga emocional junto con la justicia.

Hay ideas erróneas asociadas con el perdón como que si se perdona no se debe acordar o sentirse enfadado por lo ocurrido. Recordar algo es un proceso automático que responde a estímulos que se pueden encontrar en cualquier parte y los sentimientos que se tienen no se pueden modificar voluntariamente, las respuestas a esos sentimientos si pueden llegar a ser voluntarias.

Perdonar no es síntoma de debilidad, porque no se trata de dar permiso al otro para que vuelva a hacer daño, sino que se puede perdonar cuidando de que no nos hagan daño de nuevo.

El perdón no es un acto único que se hace en un momento dado, es un proceso continuo que se puede ir profundizando y completando a lo largo del tiempo. Por eso se dan varios niveles de perdón (Case, 2005) que se pueden considerar como una serie de tareas que van completando e incrementando el proceso hasta llegar al grado más completo de perdón. El primer paso consiste en dejar de hacer conductas destructivas abiertas y explícitas (como cesar de buscar venganza o justicia, quejarse a todo el mundo, etc.) o encubiertas e implícitas (como desear conscientemente mal al agresor, rezar para que le pase algo malo, rumiar el daño que se ha recibido, etc.). El segundo nivel es hacer conductas positivas hacia él. Completando el perdón se llega a poder restaurar la confianza en él agresor. Considerar que en el proceso del perdón se pueden alcanzar distintos niveles de relación con el perdonado, implica que para entender realmente en qué consiste el perdón terapéutico y hasta donde está dispuesto a llegar el paciente, sea necesario explicar con detalle el proceso que, en cada caso, se va a seguir para perdonar.

 

Efectos de la Infidelidad

Como se ha dicho en la introducción, la infidelidad es la primera causa de divorcio (Hall y Fincham, 2006) y puede llevar a la angustia y a la depresión. Desde un punto de vista conductual, Gordon y Baucom (1999) citan las siguientes conductas como reacción al descubrimiento de la infidelidad:

Cognitivas: una de las primeras reacciones de la persona engañada son rumiaciones acerca de lo ocurrido, que pueden llegar a ser tan abrumadoras e incontrolables que pueden interferir en la concentración y en la capacidad de llevar a cabo el funcionamiento diario normal. Otra de las respuestas más importantes asociadas al descubrimiento de la infidelidad es el cambio en la forma de ver al infiel y la relación de pareja, se quiebra la confianza tanto en esta pareja como en otras futuras llegando a no sentirse seguro en una relación, también se ha deteriorado su capacidad de predecir y enfrentar el futuro.

Conductuales: Pueden darse reacciones de agresividad del traicionado generando violencia contra la pareja o contra el tercero. La reacción más común es la evitación del infiel, llegando a la separación inmediata; como una evitación del sufrimiento producido por la infidelidad y del que supone la interrelación en esas circunstancias. Otras reacciones conductuales que pueden aparecer son: una hipervigilacia para conseguir la seguridad de que el affaire se ha acabado, la realización obsesiva de preguntas indagando en lo que ha pasado, y una comunicación con índices muy altos de agresividad.

Emocionales: el sufrimiento emocional es enorme. Aparecen sentimientos de rabia, de ridículo, depresión, ansiedad, sentimiento de ser víctima de alguien muy querido, etc. El descubierto a veces puede desembocar en una depresión asociada a la pérdida del amante, a de la pareja, o a la variación de un statu quo que le era muy beneficioso. Muchos autores consideran que las reacciones emocionales que se dan en la víctima de la infidelidad son similares a las que aparecen en el trastorno por estrés postraumático (Allen y otros, 2005; Gordon y Baucom, 1999, Gordon y otros, 2004, Lusterman, 2005). Por ejemplo, Lusterman (2005) describe así las consecuencias de la infidelidad que son similares a los indicios de que se ha dado un trauma: Dificultades en el sueño, irritabilidad con ataques de ira, hipervigilancia para asegurarse de que no se van a dar de nuevo los problemas, una exagerada respuesta de susto, una fuerte reacción fisiológica a los estímulos que le recuerden la traición, por ejemplo, películas, TV, comentarios, etc. Aunque no se cumplen las condiciones de trastorno por estrés postraumático que exige el DSM-IV porque no existe amenaza física a la vida de la persona traicionada, es conveniente que el infiel sepa que estas reacciones son consecuencia de sus actos y que no son extrañas ni incomprensibles y que pueden extenderse en el tiempo. Poner una etiqueta como trauma o trastorno por estrés postraumático puede servir para este fin (Gordon y otros, 2004).

Una alternativa en este sentido es dar una explicación lógica y entendible, como la que propone la teoría en la que se basa la terapia de pareja basada en la emoción para que entienda que las reacciones de la persona engañada son consecuencias de sus actos. Esta teoría afirma que las emociones que siente el traicionado son una reacción al daño que se ha realizado al vínculo sobre el que se basa la pareja y que es similar al que se da entre los padres y los hijos (Johnson, 2005). El traicionado ha perdido la base segura sobre la que podía realizar la exploración de nuevas conductas y obtener seguridad y apoyo en las dificultades que podría encontrar en su vida. Esa pérdida genera las reacciones que se han mencionado, que son tan fuertes como las que se dan en el trastorno por estrés postraumático, porque de forma similar a lo que ocurre en el trastorno por estrés postraumático el traicionado siente que sus relaciones en el mundo ya no son seguras y que cualquier persona puede hacerle daño, puesto que se lo ha hecho la persona que más quería, en quien más confiaba y que se había comprometido a ayudarla en todas las circunstancias. Considerarlo de esta forma ofrece la ventaja de que se puede hacer ver al infiel las consecuencias de la infidelidad, indicándole que ha producido a la pareja un trauma y, además, se le puede indicar que las reacciones que tiene son consecuencia del trauma producido por su acto y, en este sentido, son normales y no patológicas

Que es la infidelidad

La fidelidad es una de las bases sobre las que se construyen la inmensa mayoría de los matrimonios y de las parejas que mantienen una relación estable. Ahora bien, raramente se establece de forma explícita y clara en qué consiste ser fiel. Muchas veces no se hacen explícitos los comportamientos que son admisibles para cada uno en la relación de pareja. Se dan por supuestos, es decir, se establecen de forma implícita de acuerdo con elementos como los usos sociales, o las costumbres y suposiciones de las familias de origen o del contexto social de cada cual. Por ello, puede que lo que es infidelidad para el traicionado no lo sea para el que ha sido infiel. Por ejemplo, el uso de pornografía puede ser considerado normal por el marido, mientras que la mujer lo considera una traición porque él está pensando en otras mujeres en lugar de en ella; o el contacto amistoso con anteriores parejas puede ser considerado infidelidad por una parte, mientras que la otra lo considera normal. En consecuencia, en la consulta es importante evaluar en cada caso lo que significa infidelidad para cada miembro de la pareja, porque lo que puede parecer un intento de quitar importancia al hecho por parte del que ha sido infiel puede que sea realmente una diferencia de estándares a la hora de considerar lo que es infidelidad.

Generalmente se ha venido considerando la infidelidad como el hecho de tener relaciones sexuales fuera de la pareja. Ahora bien, en los últimos tiempos se ha ampliado esta definición teniendo en cuenta otros hechos que constituyen también infidelidad como las relaciones emocionales y románticas. Así Hall y Fincham (2006) siguiendo a Glass (2002) consideran la infidelidad como “una relación sexual, romántica o emocional que viola el compromiso exclusivo con la relación de pareja”. Otros autores como Zola (2007) incluyen otros elementos como la traición en temas de la economía de la pareja, como por ejemplo, dilapidar el dinero común. Ampliando así el concepto de infidelidad se podría llegar a considerar como tal cualquier violación grave del compromiso en el que se basa la pareja, como por ejemplo tomar decisiones importantes que afectan a la pareja sin tener en cuenta al otro o no llevar a cabo el apoyo que se espera en la enfermedad o en la desgracia. Pero ese tipo de problemas, más general, que afectan de forma grave a la pareja y pueden llevar a su disolución, no ha sido considerado como infidelidad en casi ningún estudio y por casi ningún terapeuta. Por tanto, en este artículo, nos atemos a la definición de infidelidad de Hall y Fincham (2006) como la ruptura del compromiso exclusivo de la pareja por el establecimiento de una relación sexual, romántica o emocional.

Las nuevas tecnologías introducen también elementos adicionales de ambigüedad en la consideración de lo que es o no es infidelidad. En efecto, la mejora de la comunicación hace más accesible la infidelidad, y más barato, ya que basta con el ordenador de casa o del trabajo para establecer fuertes relaciones emocionales o con contenido sexual con alguien ajeno a la pareja. En las relaciones a través de Internet se encuentran menos definidos socialmente los límites de lo que constituye la infidelidad. Por ejemplo, si una persona considera que solamente el sexo real supone una infidelidad, puede establecer fuertes relaciones emocionales e incluso sexuales a nivel virtual sin considerar que por ello ha traicionado a su pareja. Henline y Lamke (2003, citado por Hertlein y Piercy, 2008) estudiando la infidelidad que se puede dar a través de Internet llegaron a la conclusión de que hay que considerar como tal, además de las relaciones sexuales, chatear con contenido sexual, las citas online, planes para quedar en la realidad con el contacto que se tiene en la red, flirtear, traicionar las confidencias del otro miembro, tener secretos para el otro, ya que este tipo de relaciones tiene los mismos efectos en la pareja que la infidelidad fuera del mundo virtual.

Un aspecto importante de la infidelidad es el hecho de que, en general, se da en secreto. El secreto es un aspecto que implica traición a lo pactado tácitamente y es un elemento importante a la hora de romper la confianza necesaria y básica sobre la que se establece la relación de pareja. Se plantea así uno de los objetivos terapéuticos más difíciles, la restauración de esa confianza (Epstein, 2005; Lusterman, 2005).

No es preciso

No es preciso que sea un hombre perfecto; basta que sea profundamente humano, que tenga sentimientos y un gran corazón.
Que sepa compartir dolores y alegrías, hablar y saber callar, sobre todo, saber escuchar, gustar de la poesía, de la madrugada, de la música, del sol y de la luna, sentir un gran amor por alguien o sentir falta de no tener ese amor, saber guardar un secreto.
No es preciso ser de primera mano, ni es imprescindible ser de segunda.
Tiene que sentir los días tristes y respetarlos. Saber renunciar en favor de alguien.
Tener un ideal, y en caso de no tener, sentir el gran vacío que esto deja.
Tener resonancias humanas, voluntad de integrarse al mundo y en caso de no ser realizado proponerse como principal objetivo, ser amigo.
Debe sentir pena de las personas tristes y comprender el inmenso vacío de los solitarios.
Sentir pena de los que tuvieron y perdieron cosas queridas.
Gustar de la sencillez de los niños. Ser Quijote sin menospreciar a Sancho.
Búscate un amigo para pasear, disfrutar de la naturaleza, deleitarse con la música, leer; sentirse un ser humano.
Búscate un amigo que se entristezca con la separación, que quede conmovido y con todo el corazón desee nuestra vuelta pronto, que se conmueva cuando sea llamado amigo.
Búscate un amigo para no enloquecer, para poder contarle lo que se vio de bello y de triste durante el día, de los sustos, de las tristezas y de las alegrías.
Un amigo que sepa conversar de cosas simples, del rocío, de la lluvia, el sol, las estrellas y de los recuerdos de la infancia, a quien se diga que tal cosa es así, a quien se pueda decir cosas íntimas y hacer preguntas íntimas.
Búscate un amigo que no tenga miedo de decirte un defecto y cuando lo haga, sepa como hacerlo.
Búscate un amigo para vivir el pasado en busca de recuerdos, que sepa darse a quien merezca, que nos golpee un hombro, sonriendo o llorando, mas, que nos llame amigo.
Búscate un amigo que nos diga que vale la pena vivir, no porque la vida sea bella, sino porque ya se tiene un amigo y para no hacerlo sufrir.
Búscate un amigo que crea en nosotros, que no sea irónico, que nos sepa defender, de corazón libre y con toda franqueza, cuando somos atacados.
Búscate un amigo, para tener la conciencia que todavía vive.
En todo tiempo ama al amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.
El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano.
No es preciso que sea un hombre perfecto; basta que sea profundamente humano, que tenga sentimientos y un gran corazón.

Entre el amor y el desamor

 

Los seres humanos somos seres luminosos, poderosos, co-creadores de la vida misma, nacemos dotados de amor. El mal es una elección, no una característica que poseamos por naturaleza, se construye con cada decisión incorrecta que tomamos, cuando nos traicionamos optando por el desamor. No es el odio lo que mata al amor sino el miedo. La traición, el egoísmo y el narcisismo constituyen la fórmula perfecta para construir hombres temerosos de sí mismos, carentes de dar o recibir amor, desconectados de su interior; convirtiéndose así en seres realmente pobres y débiles por elección. Son estos seres los que comenten las injusticias más despreciables, inhumanas y aberrantes. Detrás de cada asesino, abusador, o cualquier líder de la injusticia se encuentran seres escasos de amor, su esencia más profunda está dañada y enferma por todas las veces que han traicionado su capacidad amorosa. Son seres impotentes que no pueden expandirse en el amor por eso destrozan a su paso todo lo amoroso y realmente valioso en la vida. Sus acciones están respaldadas por la envidia proveniente de los huecos insaciables que se alojan en el alma cuando se traiciona el espíritu.

No hay por que temerle a nuestra fuerza amorosa. Ésta es generosa, poderosa y vital. Es al miedo al que hay que huirle sin pensarlo.

El amor es aquello que hace posible las metamorfosis, nos obsequia los elementos oportunos para extender las alas, trascender y volar con entera libertad hacia la verdad. El amor es ese brillo resplandeciente que proviene del alma y se refleja en la mirada acusando lo prodigioso de la vida, es todo acto de perdón, comprensión, conmoción, es lo que hace posible lo quimérico. El amor es un sentimiento fácil de reconocer: es benévolo, acoge el alma y cuida del otro. Es la fuerza última que nos une por encima del rencor, el desazón, el temor o cualquier acto de alevosía. Sus raíces emanan del rincón supremo en donde se gesta la energía del universo.

La fuerza del amor es tan intensa que repara todo tipo de heridas, es una pócima renovadora, magia real para curar el dolor y lo más increíble es que nacimos con ella. Somos seres sanadores de los desgarramientos más profundos. Todo consiste en elegir el amor y permitirle que se extienda en nuestro interior.

El amor es energía inmortal e indestructible ya que su característica principal radica en regenerar, por está razón siempre tiene la última palabra frente al desamor o la traición. El amor nos permite percibir el aroma de lo invisible, nos muestra la función de la vida, pule nuestros sentidos para deleitarnos con sus acciones, repara lo agrietado, florece lo devastado, es música celestial que hace bailar con ritmo unísono al universo, suma, renueva, es líquido nutritivo del que continuamente estamos sedientos, está inmerso en el viento y genera oportunidades. Es insistente y sin lugar a dudas encuentra los medios propicios para hacerse presente, agasajar, reconfortar, curar, procrear y materializarse. El amor nos hace vivir en sincronía con Dios, nos conecta con su fuerza de forma tangible. Es lo que hace posible la vida y la oportunidad de descubrirla.

La contaminación emocional en la pareja

La contaminación emocional es el fenómeno por el cual somos capaces de lanzar al exterior, de forma totalmente indiscriminada e irresponsable, nuestras basuras emocionales, prescindiendo del impacto que van a tener en el clima emocional global del conjunto. Así, contagiamos a los demás y extendemos la negatividad a los que nos rodean.

La gestión desadaptativa de nuestras emociones se produce cuando no aplicamos la regla de Aristóteles: Expresar lo que sentimos a la persona adecuada, en el momento adecuado, con el propósito justo y de la forma correcta. Porque ¡cuántas veces nos enfadamos con una persona y descargamos la tensión emocional en otra distinta, o bien expresamos lo que sentimos pero sólo para vengarnos y hacer daño! Cuando prescindimos de esta regla, de forma habitual y sin ningún tipo de precaución, nuestras relaciones personales se resienten y, muy especialmente, nuestra relación de pareja.

La abulia, la ansiedad, los celos, el desánimo, el enojo, el mal humor, el rencor y el resentimiento, así como la preocupación, la agresividad, la posesividad y el egoísmo son algunos afectos y conductas de elevado riesgo de contagio y peligrosamente contaminantes. Será preciso aprender a manejarlas con prudencia para preservar el clima emocional ecológico de nuestra relación. No es justo abusar de la confianza de nuestra pareja para utilizarla de vertedero emocional. Si lo hacemos así, el deterioro de nuestra relación será progresivo y, a veces, irreversible.

Publicacion obtenida de Psico Encuentro