Historias Famosas de Amor: Rainiero de Mónaco y Grace Kelly

Grace tenía 25 años, había ganado un oscar y era un de las bellezas más famosas del mundo. En la primavera de 1955, fue al festival de Cannes, ya que fue invitada a una sesión de fotos con el Príncipe de Mónaco, para publicidad turística, pero dijo que no iba a ir porque a esa misma hora tenía un turno en la peluquería. A base de insistencias, Grace fue a la sesión y los dos charlaron y se sintieron atraídos el uno por el otro. Al volver ella a los Estados Unidos, comenzaron a cartearse con el padre Tucker como mensajero. Rainiero la siguió hasta EE.UU para establecer un romance con ella, después de obtener el consentimiento de sus padres. Rainiero le regaló a Grace un anillo de compromiso. Ella decidió no quitárselo mientras filmaba su última película en Hollywood, “Alta Sociedad”. Los Grimaldi reclamaron un examen ginecológico para ver si Grace podía tener hijos. Kelly estaba muy preocupada porque ese examen además iba a demostrar que ella no era virgen. Rainiero ordenó que el examen se pasara por alto y en aquel momento la prensa no se enteró del asunto.

Se casaron el 18 de abril de 1956. A partir de entonces su vida y su trabajo estuvo dedicada por entero a su familia y al Principado. El 23 de marzo de 1957, nueve meses y cinco días después de la ceremonia nació su primera hija, la princesa Carolina y el 14 de marzo del año siguiente, nació Alberto, poco tiempo después Estefanía. Instalada en el trono de su reino encantado, Grace de Mónaco tuvo muchas otras vidas. Madre, mujer de mundo, princesa, también, de un reino que también tiene realidad histórica y su esposo estaba reconstruyendo. Rainiero devolvió a su patria el orgullo de una cierta independencia y palmaria prosperidad. Grace supo poner su gracia natural al servicio de causas bien reales y materiales.

En 13 de septiembre de 1982 la princesa sufrió un accidente cuando conducía su coche por una carretera cercana a Mónaco. Llevaba a su hija Estefanía como acompañante, quien salió ilesa. Al dia siguiente, la princesa murió sin recobrar el conocimiento, tenía 52 años. Rainiero nunca pudo superar la pérdida de su esposa, alejándose gradualmente de la sociedad para vivir aislado en palacio. Tras varias hospitalizaciones, su salud fue deteriorándose. Murió el 6 de abril del 2005, a los 81 años.

Historias Famosas de Amor: La Escalera al Cielo

Liu, el Chino de 70 años de edad quien cavó a mano más de 6,000 gradas en lo alto de una montaña para su esposa de 80 años de edad ha muerto en la cueva que ha sido el hogar de la pareja por los últimos 50 años.

Hace más de 50 años, Liu Guojiang, un muchacho de 19 años se enamoró de una madre viuda de 29 años llamada Xu Chaoqin.

En un rollo digno de Romeo y Julieta de Shakespeare, amigos y parientes criticaron la relación debido a la diferencia de edades y el hecho de que Xu ya tuviera hijos. Para esa época, era inaceptable e inmoral para un hombre joven el amar a una mujer mayor. Para evitar el murmullo en el mercado y el desprecio de sus comunidades, la pareja decidió fugarse y vivió en una cueva en el condado de Jiangjn en la sureña municipalidad de ChongQing.

Al principio la vida fue dura ya que ellos no poseían nada, ni electricidad y ni siquiera alimentos. Tuvieron que comer pasto y raíces que encontraron en la montaña y Liu construyó una lámpara de kerosene que usaban para iluminar sus vidas.

Xu sentía que había atado a Liu y repetidamente le preguntaba, ‘¿estás arrepentido?

Liu siempre le respondía,

‘mientras seamos laboriosos, la vida mejorará.’

En el segundo año de vivir en la montaña, Liu empezó y continuó por más de 50 años, a cavar las gradas para que su esposa pudiera bajar facilmente la montaña.

Después de medio siglo, en 2001, un grupo de aventureros estaban explorando el bosque y se sorprendieron al encontrar a la vieja pareja y las más de 6,000 gradas hechas a mano. Liu MingSheng, uno de sus siete hijos dijo,

‘Mis padres se amaban tanto, ellos han vivido en reclusión por más de 50 años y nunca han estado separados un solo día. El hizo más de 6,000 gradas a través de los años por la conveniencia de mi madre, a pesar de que ella no baja mucho la montaña.’

La pareja ha vivido en paz por más de 50 años hasta la semana pasada. Liu, ahora de 72 años regresó de su labor agrícola diaria y colapsó. Xu se sentó y oró por su esposo mientras moría en sus brazos. Tan enamorada de Xu estaba Liu, que nadie fue capaz de liberar el agarre que él tenía en la mano de su esposa aún después de muerto.

‘Tú me prometiste que cuidarías de mi, siempre estarías conmigo hasta el día en que muriera, ahora tú te fuiste antes que yo, ¿cómo voy a vivir sin ti?’

Xu pasó días repitiendo suavente estas palabras y tocando el ataúd negro de su esposo con lágrimas rodando por sus mejillas. En el año 2006, su historia se convirtió en una de las 10 historias de amor más famosas de China, recogida por el Chinese Women Weekly. El gobierno local ha decidido preservar la escalera de amor y el lugar en que vivieron, convirtiéndolo en un museo para que su historia de amor pueda vivir para siempre.

Historias Famosas de Amor: El Taj Majal

El emperador Shah Jehan y Muntaz Mahal: quizá sus nombres no te digan mucho, pero si seguimos recordando a esta pareja 400 años después de su muerte, es porque su amor inspiró una de las siete maravillas del mundo y el monumento más famoso de la India, el Taj Mahal. El heredero del Imperio Mogol se enamoró perdidamente de una princesa persa-musulmana, que se convertiría en su segunda esposa y favorita de la corte. Pero tras dar a luz a su catorceavo hijo Muntaz Mahal murió, no sin antes pedirle cuatro deseos a su marido: que se casara de nuevo, que fuera bueno con sus hijos, que le construyera una gran tumba y que fuera a visitar su tumba al menos una vez al año en el aniversario de su muerte.
Al deseo de Mahal le dedicó el emperador toda su vida, convirtiéndose en su gran obra y paradójicamente en su destrucción, su obsesión se transformó en locura y el esfuerzo económico le supuso su ruina y la pérdida de su reino, uno de sus hijos le derrocó y Shah Jehan fue encerrado en el fuerte de Agra, donde pasó el resto de su vida contemplando entre rejas el monumental mausoleo construido por amor.

Historias Famosas de Amor: Romeo y Julieta

Tragedia de William Shakespeare sobre las desventuras de una pareja de enamorados que sufre la terrible enemistad de sus familias: Montescos y Capuletos, en la ciudad de Verona, ltalia. La muerte de ambos cierra la historia de amor más conocida de la Tierra. En una de las líneas más sentidas, Julieta dice: “Romeo, Romeo, ¿por qué eres Romeo” haciendo referencia al nombre que obligaba a la separación de ambos.

Verona, mes de julio. En un baile de máscaras se conocen Romeo Montesco y Julieta Capuleto, quienes se sienten inmediatamente atraídos. Romeo le declara su amor cuando la visita en el balcón de la casa familiar. Pero siendo conscientes del odio que separa a las dos familias nobles, eligen casarse en secreto ante el sacerdote Lorenzo. Luego, en una lucha personal, uno de los Capuletos mata a un amigo de Romeo y éste a su vez, da muerte al matador. Romeo es obligado por su familia a ocultarse en Mantua. El padre de Julieta, que desconoce la boda secreta, quiere obligar a su hija a casarse con el conde Paris. Julieta visita al sacerdote pidiéndole consejo, pues ni quiere ni puede romper su voto matrimonial.

El religioso le da entonces una poción que produce en las personas la apariencia de la muerte secándolas profundamente. De tal forma, piensa el sacerdote, Romeo vendrá en su rescate. Ella toma el engendro. Romeo regresa a Verona al tener noticias de la muerte de Julieta y, lleno de odio, mata a Paris. Luego encuentra a Julieta supuestamente “muerta”. Incapaz de soportar tanto dolor, Romeo le da un último beso, se toma un veneno y cae muerto a sus pies. Cuando Julieta se recupera del letargo y comprueba la muerte de Romeo, ella también se suicida, clavándose una daga en el pecho.

Tras la terrible tragedia de muertes y odios rodeando el amor imposible y eterno, las familias superan las distancias y se reconcilian. Romeo y Julieta ha sido llevado al cine, al teatro, a la danza, se han compuesto sinfonías, conciertos, poemas sinfónicos, ballets y se han producido centenas de pinturas y esculturas.

Tus ojos fueron los mios…

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Hoy es el día más feliz de mi vida! – Exclamo Sara. No lo puedo creer. Me caso! Gracias queridos padres por todos estos anos… Y con su vestido blanco, corona en la frente y ramo de flores en la mano, entro la novia bajo el palio nupcial. Sara fue guiada y ayudada ya que era ciega. Jamás pensé que lo lograría, pero Dios escucho mis rezos y recogió mis lágrimas! – Susurro. El radiante novio, David, con su traje negro, esperaba a su singular princesa. Los invitados, unidos por la tierna melodía del violín, no podían contener su emoción al presenciar un suceso tan inusual.

 Termino la fiesta y comenzó la verdadera vida en pareja, en la cual el único anhelo de ambos era hacer feliz al otro. David la trataba muy bien, la ayudaba, hablaba con ella, la escuchaba, la mimaba, la respetaba a ella y a sus padres y sobre todo sentía un indescriptible amor y cariño. Ella, en la medida de lo posible, intentaba hacer todo para servir y poner contento a su marido.

El tiempo transcurría y solo se respiraba una envidiable armonía en el hogar. Había salidas, paseos, compras, charlas, risas e intimidad. Solo una cosa le faltaba a Sara para sentirse plena; el poder ver, de lo que ella se imaginaba subjetivamente, el amanecer en las montanas, el atardecer en el mar, el color del cielo y de las rozas y, por supuesto, la sonrisa de su esposo.

Cierto día se enteraron que había un medico que hacia trasplante de cornea. Era una operación novedosa, riesgosa y cara, aunque valía la pena probar. Con ansiedad se entrevistaron con el doctor, pero grande fue la decepción cuando les dijo que había muchos pacientes interesados y pocos donadores compatibles. Podría ponerlos en lista de espera. El estimaba, según su experiencia, que tardaría unos 15 anos en concretarse. La pareja, teniendo la esperanza que ocurriría un milagro, siguió adelante como si nada hubiera pasado.

 A los pocos días, entro David a la casa y le dice a Sara: Me llamo el Dr. Encontró unas corneas sanas para ti. Pidió que te hagas los estudios, que paguemos y en cuestión de semanas podrás ver. Inmensa fue la alegría. Se abrazaron, lloraron, celebraron y bailaron.

 Y llego el día. Desde la madrugada se prepararon y junto a los padres fueron al hospital. Antes de entrar a la sala de operaciones, David tomo la mano de Sara, le deseo suerte y le dijo con voz pausada: Se que cuando despiertes y puedas ver, una dicha desbordante embriagara tu corazón, pero algo impedirá que tu felicidad sea completa. Que? Indago Sara desconcertada. Te darás cuenta que yo soy ciego… Confundida y aturdida por semejantes palabras, aunque lista para la operación, Sara entro al quirófano.

Cuando despertó, todavía dolorida, abrió sus ojos y pregunto: Donde estas mi amado? Quiero cumplir el sueno de mi vida de ver y ansío que tu seas lo primero. David apareció. Ella lo beso y le dijo: Sos hermoso! Ahora podré servirte, ayudarte y darte todo lo que necesites.

Pasaron las semanas y Sara descubría cada vez más lo que el maravilloso mundo ofrecía. Estaba largas horas fuera de la casa. Comenzó a estudiar y trabajar y; consecuentemente, a descuidar a su esposo. El, con su inteligencia y sensibilidad, se daba cuenta que le era un peso para ella. Las cosas habían cambiado y para mal. El amor intenso que ardía solo solo unos meses, rápidamente se apagaba.

Y ocurrió lo previsto. Una noche llego Sara y se encontró con la casa vacía y una carta sobre la mesa. En ella, David le agradecía por los lindos momentos vividos juntos y le expresaba con sinceridad que el quería el bien para ella, por eso era conveniente que siga su camino sin el, ya que se había transformado en una pesada carga. Tal vez podía Sara encontrar a alguien con quien cumplir sus nuevos objetivos de vida. Ella lloraba desconsoladamente ya que entendía la veracidad del mensaje, su error garrafal y a quien había perdido. Las líneas seguían resumiendo de forma admirable el pasado juntos, el presente separados y el futuro incierto. Sara era toda congoja y desconcierto, pero aun no había llegado al final de la carta. Siguió , entre suspiros y lágrimas, hasta que leyó el Pd. que así versaba: “Yo no creo que pueda nuevamente amar a alguien como a ti. Aunque se que nadie podrá amarte como yo lo he hecho. Por favor cuídate mucho a ti, a tu alma y sobre todo, a tus ojos, ya que alguna vez, no hace tanto, fueron MIOS…”

Una presunta historia de amor que me relato un taxista

¿Le moleta la radio? ¡Ah!, escuche que bonita es esta canción, ”Oleo de una mujer con sombrero”, del pelao Silvio. A mi me gusta esa parte de que una mujer se ha perdido conocer el delirio y el polvo, y de que la cobardía es asunto de los seres humanos, no de los amantes. Es que el amor es todo amigazo ¿Ah? ¿O no, dice usted? Mire, ¿lo llevo por la Alameda o por Ecuador? Vámonos por aquí no más.

Mire, le voy a contar una presunta historia de amor como yo le digo. Esta historia comienza con una fiesta en el lado noreste de la ciudad, hace 51 años. Es mi cumpleaños número siete, pero además hay otro motivo de celebración. Es que a la casa llega también una tía soltera a sus cuarenta y dos primaveras con un novio del brazo. El primero que le conocemos. Es mi tía Blanca Rosa, acompañada por Tomás. Los recibieron amablemente mi madre y mi padre. También estaba invitado mi abuelo materno y padre de mi tía. El otro motivo de la fiesta es que Tomás viene a pedir la mano de la ya mencionada señorita. El novio era muy alto y elegante, recuerdo. También frisaba los cuarenta y tantos. Era muy caballero y los adultos brindan en el comedor por los siete años del mayorcito, que soy yo. A la hora del postre, los niños, llevados democraticamente a la mesa de los adultos, contamos chistes de Condorito y cantamos ”Marcianita” es decir ”…quiero una chica de Marte que sea sincera/que no se pinte, no fume, ni siquiera sepa lo que es el rock and roll/Marcianita/Blanca o negra/ en el año sesenta seremos felices los dos, etc, etc.” ¿Usted no la oyó nunca?, es que usted es más joven que yo.

Bueno, el mundo -tal como mi tía Blanca Rosa y Tomás- quería otra oportunidad. Estaba atras la guerra mundial y empezaba la guerra fría con Cuba soltándose de las ataduras. Además se pensaba que llegaríamos luego a Marte donde estarían estas marcianitas puras e incontaminadas. En Yanquilandia estaba que ardía el conflicto racial y odioso de los más reaccionarios blancos y creo que por eso la canción decía que la Marcianita fuera blanca o negra no importaba. Sutil saludo anti-racista a la lucha de los hermanos y hermanas de color en el vientre del imperio. Los tiempos cambiaban paro había eternos conflictos limítrofes entre nuestros paisitos, que los gobernantes de turno avivaban de vez en cuando para desviar la atención de sus problemas internos. De pronto, los adultos empezaron a tocar este tema. En un lado mi abuelo diciendo que había que arrasar con los argentinos que ya nos habían quitado media Patagonia. De otro lado, el novio de mi tía que decía que los problemas limítrofes deberían terminar de una vez por todas porque solo servían para entronizar a los gobiernos derechistas y dividir a los pueblos. Mi padre, con instinto de buen piscis y presintiendo que se venía algo grande, solo bebió vino y escuchaba. Mi madre y mi tía Blanca Rosa, a medida que la discusión iba subiendo de tono, hablaban cada vez con menor entusiasmo de los preparativos de la boda; y a nosotros, y a los niños, nos sacaron al pasillo aledaño al comedor. De pronto mi abuelo, recordando multiples hechos heroicos de pasadas guerras y gritando ”¿Que te creís antipatriota conchetumare? ¿Estai con Chile o estai con Argentina?”, se abalanzó sobre quien sería nuestro futuro tío con un cuchillo en la mano. Se interpuso mi padre gritando: ”¡No don Luis, no don Luis!”, mi madre y mi tía chillaban llamando a las dos nanas(la nuestra y la de mi tía), quienes aprovechándose del caos insultaban a mi abuelo diciendo en voz baja: ”La cago el viejo reculiao”. El novio de mi tía ya ex-novio a esas alturas de la noche, tomó su impecable impermeable y despidiéndose fugazmente salió a la helada noche del invierno santiaguino.

Muchos años después le pregunté a mi solterona tía Blanca Rosa que qué había ocurrido con Tomás. Me dijo: ”Nada mijito, nunca más lo vi. Estaba tan avergonzada que no traté nunca más de ubicarlo. Pero desde esa fecha en adelante, cada 30 de agosto, para Santa Rosa, yo llegaba a mi oficina y en mi escritorio había un fresco ramo de rosas blancas como mi nombre y una elegante tarjetita de Tomás saludándome. Así, por muchos años. Yo pensaba ¿y éste no se cabrea nunca? El 30 de Agosto del ‘74 no hubo ramo de rosas. Se habrá olvidado, pensé yo. El 30 de Agosto del ‘75 tampoco hubo rosas frescas en mi escritorio. Se debe haber casado, pensé yo. El 30 de Agosto del ‘76, llegué al trabajo guardando la ilusión… pero no, el regalo había cesado definitivamente como diría Borges. Traté de ubicarlo en el que yo recordaba era su trabajo. Fue fusilado el mismo once de Septiembre del ‘73, me dijeron. Es que era socialista, me argumentaron como lo más lógico del mundo. O sea, 12 días antes de morir aún tenía mi nombre en sus pupilas”, agregó Blanca Rosa. Hace una semana sepultamos a mi tía, murió a los 93. También, creo yo, llevaba el nombre de Tomás en su extinta mirada ¿Lo dejo en la esquina o pasado el semáforo?

Mauricio Redoles/El Ciudadano, segunda quincena de Marzo, 2012

Historia de Amor: Mirar hacia donde no se ve

Alma estaba viendo esa foto por enésima vez. Él, despeinado, con su campera rosa chicle y mostrando sus dientes imperfectos en una gran sonrisa. Parecía feliz. ¿Parecía? No, era feliz; y ella lo sabía muy bien.

Sin saber exactamente como ni por que, él no le era indiferente. Por supuesto que si le preguntaban, ella no diría la verdad. Aunque pedirle eso sería injusto, ni ella misma sabía claramente la verdad.

Lo que sí sabía era que él estaba enamorado de la morocha, una simpática chica que emanaba atracción por los poros. Por algún motivo eso le dolía, ella hacía todo para que sus ojos verdes le increparan sus acciones y nada.

Estaba ahogándose en sus pensamientos cuando una notificación la arrastró hacia el mundo real: “ÉL ha comentado una de tus fotos”. A Alma le palpitó el corazón. “Por fin se dio cuenta que existo”, pensó con una emoción temblorosa. Apresuradamente presionó sobre la ventanita celeste que aparecía en el costado inferior izquierdo y la pantalla de la computadora le mostró una foto de ella junto a la morocha. ¿¡¿Ella junto a la morocha?!? Eso sí que era injusto, nadie podía salir mejor que la morocha y ahí mismo tenía el ejemplo. Sus ojos buscaron instantáneamente el famoso comentario:

”Que buena foto. Morocha, perfil”

Cada palabra que leía le arrugaba un poquito más la ilusión y le recordaba vengativamente que nadie era mejor que esa chica.

– Ah, ni que tener nariz perfecta fuera un gran mérito hoy en día. Un buen cirujano plástico consigue cualquiera. – dijo Alma en voz alta.

Cerró el comentario y volvió a la primera foto. En ese momento tuvo una epifanía y todos los clichés se volvieron para ella… “Me enamoré. Él se enamoró de la morocha. Nadie es mejor que la morocha. NADIE.” pensó Alma.

Nunca más volvió a ver la foto.

Lejos, en la otra punta del mundo, alguien miraba la foto de Alma y pensaba: “Me enamoré. Ella se enamoró del esquiador. Nadie es mejor que el esquiador. NADIE.”