La mujer del Cesar

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Cleopatra

 “La mujer de César no sólo debe ser honrada, además debe parecerlo.”

Plutarco

Sobre el Río Nilo tus barcas llevan,

es la Reina, nuestra señora de la belleza,

siempre en su fina realeza,

presume de Alejandro Magno descendencia.

Su madre ahogó en Nilo su pasión

y a Isis por preservadora adoptó.

Nadie sabe su sortilegio en seducción,

a hombres hizo a su propio sol.

Fue al César que domó,

haciéndolo demacrar al desnudo circular,

deponiendo a su señora derrumbada en su flemática espera.

Siempre fuerte y varonil, a su miembro aferraba a una Cleopatra,

señora sublime, plausible  siempre de contemplación.

Bañada en parentesco de Roma a Egipto retornó,

no difirió en sus emanaciones apresar a un nuevo general,

Marco Antonio, febril muchachito a la sombra del César permaneció

anhelando en espera la piel ajena de la señora de Alejandría.

Fue en su tórrido romance que murió,

entre guerras y conspiración su pasión fraguó,

en seducción a la muerte, es al Áspid que conduele

siendo obligado por Iras y Charmion,

a tan fina degustación de helénico vino

Divina Cleopatra, tu belleza se dice angelical,

esbozos en piedra voceros son de tu magnificencia,

pero es en escritos que tu personalidad sobrelleva

¿es tu secreto, acaso? Mi gran curiosidad.

Magna hasta el final,

con Marco Antonio te fueron a enterrar,

con todos en deseo a tu lugar de reposo,

en medio del desierto enigmático espejismo,

ya que en Nilo ramifican a tus añejas fruiciones.

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