Efectos específicos de las aventuras (2)

LA REACCIÓN DEL CÓNYUGE: TRAICIÓN, CELOS, INSEGURIDAD Y FURIA

Cuando la ideología matrimonial proscribe tanto el secreto cuanto las aventuas, no hay modo de evitar que el cónyuge reaccione con furia, celos e inseguridad. Hombres y mujeres sienten lo mismo. Sin embargo, el género plantea diferencias en la manera de expresarlo.

Los maridos no actúan como si estuvieran heridos, rechazan el papel de víctima. En cambio, se consumen en su furia, golpean las paredes, amenazan con matar gente. Esto es verdad aun en el caso de hombres dulces y pacientes.

Si bien los hombres, como las mujeres, se sienten heridos, traicionados, inseguros y celosos, actúan con enojo. Hay un suporte cultural para la cólera de un hombre. Pues el abatimiento atenta contra su sexualidad, su masculinidad.

Por otro lado, las mujeres, si bien pueden estar furiosas (‘el infierno no conoce furia como la de una mujer burlada’) en general muestran abatimiento y dolor más que enojo. Esto está relacionado con su papel de mujeres y con las expectativas culturales. En realidad, somos menos tolerantes con una mujer que se divorcia encolerizada por el adulterio del marido, excepto cuanto la aventura todavía continúa. ¿No debería pensar en sus hijos? ¿Y la estabilidad de la familia? ¿No le daría una segunda oportunidad? A diferencia de los hombres, se supone que ella debe considerar primero el bienestar de la familia, en lugar de actuar enceguecida por su enojo. Parte de la fascinación de la película FATAL ATTRACTION se basa en la inversión de papeles: la asesina celosa es una mujer en lugar de un hombre. Por otra parte, una mujer herida consigue muchas muestras de simpatía, y lo que se espera es que su marido se arrepienta y pague sus culpas.

Por supuesto, las mujeres que descubren las aventuras de sus maridos también se enojan. Pero si demuestran demasiado enojo, pueden hacer que la corriente de apoyo se desvíe hacia sus maridos.

TERAPIA MATRIMONIAL Y MANEJO DE LOS CAMBIOS MATRIMONIALES

Los terapeutas, porque se supone que no tienen un sesgo y se consagran a analizar las fuentes del problema, pueden ofrecer la calma y la reflexión que la pareja necesita.

De lo que se ha dicho hasta ahora, podría parecer obvio que la terapia matrimonial puede a veces marcar la diferencia entre la supervivencia del matrimonio y su muerte después del descubrimiento. Como la traición, la inseguridad, los celos y la culpa son emociones poderosas y absorbentes, con frecuencia las parejas no pueden zafarse de esta correa solos. Lo común es que el terapeuta sea un extraño, y sea visto en un terreno que no provoque asociaciones dolorosas. Más aún, estar en terapia significa que la pareja se compromete en principio a invertir cantidades regulares de tiempo y energía para tratar de entender al menos las motivaciones de la aventura y sus efectos en el matrimonio. Por supuesto, no todos los terapeutas brindan la falta de pasión, la sabiduría o la capacidad de juicio y el tacto requeridos por el proceso. Y no siempre los miembros de la pareja desean sanar su matrimonio en la terapia.

Esa es una visión particular de la función de la terapia matrimonial. Como hemos dicho, la mayoría de los terapeutas matrimoniales parten de la posición de que ‘el matrimonio debería ser todo’, y una aventura es el síntoma de algo que anda mal en el matrimonio. Como consecuencia, cualquier cosa que la persona haya obtenido de una aventura debería poder obtenerla del matrimonio. La tarea de la terapia es lograr que la pareja la obtenga en el matrimonio.

Para que un terapeuta haga una evaluación adecuada con respecto a si debe permitir o alentar la confesión, o hacia qué modelo de matrimonio debe orientar a la pareja, necesita primero analizar la aventura de acuerdo con dimensiones específicas. ¿Cuál es el contexto de la aventura: el ciclo de la vida, la historia personal o familiar y la historia de vulnerabilidad en el matrimonio en particular? ¿Con qué modelo de matrimonio ha funcionado cada uno de los miembros de esta pareja? Y finalmente, los temas del género que hemos tratado de resaltar a lo largo de esta obra deben ser considerados cuando se trata del matrimonio. En el intento de lograr que la pareja entienda sus reacciones respectivas hacia la aventura y hacia sus consecuencias, los hombres y las mujeres usan un lenguaje diferente que contribuye a describir los sentimientos, las motivaciones y el impacto de la aventura. El terapeuta debe ser alguien que rompa con las divisiones de género, según la frase acuñada por la terapeuta feminista norteamericana Virginia Goldner. Debe interpretar la experiencia de uno de los cónyuges al otro, tratando de lograr que se supere la división hombre/mujer, alentando la empatía con la experiencia del cónyuge. Es difícil y no siempre funciona con éxito, pero la terapia a veces ofrece la posibilidad de que un matrimonio herido se recupere.

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