Efectos específicos de las aventuras (1)

Tanto hombres como mujeres manifiestan haber experimentado, a través de las aventuras, un crecimiento personal, una actualización del yo, en algunos casos, porque intimaron con alguien que amplió sus horizontes.

Las relaciones extramatrimoniales logran que la gente aumente su autoestima, adquiera más confianza sexual, mejore el conocimiento de cómo se comporta uno con el sexo opuesto, alcance mayor experiencia en las relaciones en general y una mayor sensación de autonomía. A veces, la gente siente que creció aunque su matrimonio haya sufrido. Sin embargo, otros analizan que el crecimiento personal se produjo lejos de sus matrimonios y que no tuvo ningún efecto directo en ellos.

Sin embargo, hay dos importantes diferencias relacionadas con el género. En primer lugar, más hombres que mujeres describen las aventuras como algo ‘sólo sexual’. Esta diferencia puede ser en parte lingüística, pero subraya la diferencia en el enfoque sexual de hombres y mujeres. ‘Algo meramente sexual’ es un lenguaje más aceptable en los hombres. Las mujeres tienen otra forma de decirlo: por ejemplo, que el sexo en la aventura era ‘el principal interés’ o satisfacción. Y en general continúan con el comentario ‘no fue sólo sexo’. Si consideramos lo que hemos descrito acerca de la naturaleza de su mayor compromiso, esta diferencia no sorprende.

Sin embargo, otra consecuencia del aislamiento provocado por una aventura puede ser un aumento de la confianza en uno mismo. En particular las mujeres sienten como un verdadero logro la posibilidad de tener algo que pueden manejar por sí solas.
CAUSA Y EFECTO Y VICEVERSA: LA SINERGIA ENTRE MATRIMONIO Y AVENTURAS

Bastante lejos de estos efectos específicos hay también una relación sinergética entre las aventuras y el matrimonio, causa y efecto al mismo tiempo. La gente vive matrimonios y aventuras simultáneamente. Para algunas personas vivir en cada uno de estos ámbitos es como existir en dos narrativas separadas.

COMPROMISO EMOCIONAL Y EL IMPACTO DE LAS AVENTURAS

El impacto de una aventura también depende de lo que siente la persona por su amante.

CULPA Y CONFESIÓN: EL DESEO DE CONTAR

Algunas personas confiesan sus aventuras porque sienten culpa. La culpa puede surgir del hecho de que están negando algo al matrimonio, al cónyuge a quien se lo han prometido, o a quien han jurado pertenecer, o del dolor que imaginan que causarán si la aventura se descubre. Pero también pueden sentirse culpables porque el clima moral o la educación religiosa hace imposible que se sientan de otro modo. No importa lo beneficioso que crean que es la aventura.

Sin embargo, el impulso a confesarse para aliviar la culpa en la mayor parte de los casos actúa como un bumerán. Unido al deseo de alivio se encuentra con frecuencia el de absolución. Esto presupone que el cónyuge entenderá y dejará de lado sus propios sentimientos. Además, suele existir el deseo ingenuo de que el cónyuge aprecie esas cualidades en el amante que nos resultaron tan atractivas. Otro elemento presente en el impulso a confesar es que la gente piensa que, si es lo suficientemente valiente para hacer eso, el cónyuge apreciará su coraje. La expectativa es que este aprecio debería ser suficiente para mitigar la inevitable sensación de haber sido traicionada. Por supuesto, estas expectativas, en general, no conducen a nada positivo. Cuando observemos la reacción del cónyuge, veremos por qué es así.

Las confesiones de los hombres engendran con frecuencia consecuencias bastante diferentes. En realidad, algunos hombres confiesan porque sus aventuras se han vuelto demasiado dolorosas, y recurren a sus esposas en busca de consuelo. Como las mujeres son, en general, sus principales y únicas confidentes, eso no es sorprendente. En contraste, las mujeres pueden haber hablado con alguna de sus muchas amigas. A veces los hombres confiesan su aventura por otras razones que no son la culpa o el dolor; por ejemplo, por el deseo de terminar con el matrimonio. Pero cualquiera sea su motivación, las consecuencias de la confesión en general no son tan severas para ellos. Las mujeres no necesariamente se divorcian de ellos. Y en algunos casos, sus esposas los consuelan como siempre han hecho.

Como hemos visto, es más probable que las mujeres abandonen o sean arrojadas de sus matrimonios después de la confesión o la revelación de una aventura. Pero aquellos hombres que se quedan sufren una consecuencia diferente: la marginalización dentro de la familia, inclusive el papel de chivo expiatorio. Los hombres, que de por sí ocupan una posición más periférica para sus hijos que sus esposas (aunque los dos trabajen), pueden quedar más marginados como resultado del enojo y el dolor de sus mujeres, pues ellas acaparan a los niños en busca de apoyo. A veces vuelven a los hijos explícitamente en contra de sus padres.

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