Historias de Amor: Una burbuja enamorada.

Voy a contar una historia simple, y corta. ¿Por qué corta? Sencillo, porque es un amor fugaz, se trata de una burbuja, y sabemos que esas burbujas de jabón no tienen una vida muy larga.

Ella nació del soplar de una pequeña niña, junto a muchas otras burbujas, todas distintas, diferentes tamaños; flotaban todas a donde el viento las llevara, unas murieron al instante, no tuvieron mucha suerte. Pero nuestra pequeña burbuja protagonista, lo logró, y voló alto lo más que pudo.
Poco a poco descendió de las alturas, buscando un lugar en donde beber agua, porque tenía sed, la sed de la burbuja crecía rápido, pues… ella estaba hecha de agua. Pero… pudo soportarlo al ver algo llamativo cerca, era una pequeña rosa roja, reluciente entre todas las de aquel jardín. La burbuja no dudo más y se acerco, lo hizo rápido, pues al terminar de echar un vistazo quería ir por su necesitada agua; al llegar, apreció aquel hermoso ente, y sin haberlo planeado siquiera pensado, se enamoró de aquella bella rosa. Al decirle aquellos sentimientos dados rápidamente pero sinceros, la rosa sonrió un poco, pero negó… Le había dicho a la burbuja que no, eso no era posible, que las burbujas como ella no podían enamorarse de rosas.
La burbujita se sintió profundamente triste, demasiado. Así que comenzó a llorar poco a poco.
La rosa se asustó, y le dijo a la burbuja que no llorase, porque eso haría que muriese aún más rápido. La redondita burbuja negó, y dijo: “No importa morir, mi vida es corta, ¿de qué sirve vivir lo poco que tengo sin siquiera un pequeño amor correspondido”. 


La rosa se sintió triste, y decidió corresponder a esos sentimientos, después de todo era por un tiempo, igual esa burbuja había logrado que se sintiera especial, amada entre todas las demás.

“Esta bien”  dijo ella, y la burbujita se emocionó, tanto, tanto que quiso abrazar a la rosa, y sin más fue hasta ella, olvidándose de todo, de que no había tomado agua, de que había llorado por un tiempo, de que había un fuerte viento y … de que las rosas tenían espinas.

Paso una milésima de segundo, y la burbujita reventó al ser rosada por una pequeña espina que yacía oculta en las pequeñas hojas verdes de la rosa.

La rosa no lloró, no sufrió, al contrarío, estuvo tan agradecida, jamás alguien daría su vida por una rosa, esta burbujita lo hizo. Y la hizo feliz.

Aún muchos niños lanzaban burbujitas al cielo, todas y cada una de ellas con una historia para contar.

 

 

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