Historia de amor en la nieve

La nieve aun era abundante a la vista siendo que hacía dos días que había dejado de nevar.

Subió el cuello de su chaqueta, el frío calaba los huesos, sentía ncomo sus labios se partian de la brisa helada, de forma automática y mecánica, se palabra su lengua por ellos, tratando de humedecerlos y darles algo de vida, pero el aire inmediatamente los tocaba y los congelaba mas.

Sus manos estaban en sus bolsillos, mientras subía sus hombros y se trataba de así mismo, esconderse y protegerse del frío.

Sintio unas manos rodear su cintura desde atrás, sin necesidad de mirar, supo que se trataba de ella, el aroma a flores llego hasta su nariz muy a pesar de sentirla congelada.

Aquella pequeña risita de aquella chica hizo que el mismo sonriera, sintiendo el leve calor en su espalda al sentirla detrás de él, a pesar de la mucha ropa que traían, sintió su cuerpo, entrando y otorgando temperatura agradable al suyo.

-¿Qué haces?-pregunto la chica, con su joven voz…

Siempre se pregunto el que podía producir la diferencia de edad, quizás no mucha a simple vista, quizás no más de lo que a él le podía importar, pero ella tenía una familia, el tenia su propio hijo casi de la edad de la mujer que ahora lo abrazaba.

-Pensaba en cómo se pasa el frio y no morir en el intento, ¿tu?

-Pensaba en lo aburrido que debe ser pensar en cómo pasar el frío y no morir en el intento simplemente no haciendo nada-contesto riendo levemente, esa risa que hacia refrescar los sentidos para el, la risa de aquella chica siempre le daba vida-¿me quieres?

-Sabes que te quiero como no tienes idea

-Tengo una idea, pero quiero que me quieras más que esa idea

-Y en esa idea cuanto te quiero

-Lo suficiente como para que te des la vuelta, me beses y me digas que en mi boca, encuentras calor…

El sonrió ante ello y así lo hizo: se dio vuelta y al pie de la letra, tomo lentamente esos labios y los beso, despacio, sintiendo, efectivamente, calor al tocarlos, sintiendo como sus propios labios de humedecían y que ya no se partían por frío sino, por el beso que se compartían.

Cuando dejo de besarla, apego su frente a la de ella, abrazándola, sintiendo que se podían proteger del invierno de esa forma, ella, con esa sonrisa que despertaba al sol y los amaneceres la envidiaban por la belleza de esta, lo abrazo con tal fuerza y efusividad, que ambos, terminaron en la nieve.

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