Abelardo y Eloisa: un amor truncado

La historia de amor entre Abelardo y Eloisa ocurre en la Francia del siglo XII. Eloísa es una joven de quince o diecisés años, que vive bajo la tutoría y cuidado de su tío Fulberto (canónigo de la catedral de París), quien contrata a Abelardo (reconocido filósofo de treinta y siete o treinta y ocho años) para que la instruya. Abelardo y Eloísa se enamoran y, tras unos meses, ella queda embarazada, motivo por el cual Fulberto entra en malos tratos con el maestro.  Abelardo decide subsanar esta relación casándose con Eloísa, a pesar de la renuencia que ésta manifiesta ante el matrimonio. Las nupcias se celebran en secreto y los amantes mantienen oculta su condición. Pero Fulberto no considera suficientemente reparado el honor de su sobrina y sale a pregonar la noticia de la boda. Ella, para proteger a su marido (a quien le serían negados los rangos eclesiásticos de divulgarse la relación) niega el matrimonio, dejando así a su tío en ridículo frente a la comunidad. Fulberto, por consiguiente, comienza a maltratar a su sobrina, por lo que Abelardo la envía al monasterio de Argentuil. Creyendo el tío que Abelardo la secuestra y oculta para proteger su perfil académico, decide tomar venganza de ambos y manda a castrar al amante. .

Debido a que imperaba la ley del Talión, ya sabemos lo que les pasó a los perpetradores (la investidura protegió al canónigo de sufrir el mismo fin, en vez su pena se redujo al destierro y a la confiscación de bienes). Tras los incidentes, Abelardo confina a  Eloísa al claustro y luego él hace lo mismo. Ella toma los votos luego de dar a luz a un niño al que llama Astrolabio en honor a la lección aplazada en la que lo concibió. De este niño se sabe prácticamente nada, a excepción del nombre y de que fue retirado del cuidado de la madre cuando era bebé. .Quedan así separados y es una carta que Abelardo dirige a un amigo la que llega inesperadamente a las manos de Eloísa. En ella él intenta consolar a un triste compañero contándole sus propias penas:

  Por la triste relación que me haces de tus desgracias veo cuan necesitado te hallas de pronto y eficaz consuelo; pero ¿crees, querido Filinto, ser el hombre único que llora y padece en el universo? ¡Ay de mí,  a quién te diriges! [la gente no cambia mucho a través del tiempo] Sabe y contempla mis desgracias, y las tuyas te parecerán menos sensibles luego que las compares…

O sea, que Eloísa se entera de todas las desventuras ocurridas a su amado mediante esta carta (Abelardo fue en ese decurso acusado de herejía y corrido de varios monasterios). ..Ella inicia entonces la correspondencia y es atraves de cartas que los mantes se comunicaran durante el resto de sus vidas.

 Procuro, cuanto menos, ocultar mi caída a las vírgenes que confiaste a mi cuidado[1]. Todas admiran mi virtud; pero si sus ojos penetrasen hasta lo íntimo de mi corazón ¿qué cosas no descubrirían? Allí, verían amotinadas mis pasiones, y que yo, gobernándolas a ellas, no puedo gobernarme a mí misma. […] Esta criminosa ficción es loable de algún modo; así no causo escándalo a las gentes del siglo, tan propensas a formar malos juicios, ni perturbo la virtud de estas palomas, cuya conducta me está confiada: con un corazón henchido de amor hacia un hombre las exhorto a que amen a Dios solamente. Elosia

  El mundo que comúnmente se engaña en sus juicios, me cree sosegado; y como si no hubiera amado en ti sino la satisfacción de mis sentidos, piensan que te he olvidado. ¡Qué grosero error! Sin duda creo que imaginaron que el dolor y vergüenza de verme cruelmente maltratado me hacían abandonar el siglo; como si mi amor, ingenioso en buscar contentamiento, no fuera capaz de inventar mil placeres tan sensibles como el de que me privó Fulberto.

Abelardo

El amor visto como una tentación diabólica, la culpa por sentirlo, la pasión incontrolable, las confesiones y los recuerdos dominan las letras. Testimonio del amor que Abelardo siente por Eloísa queda no sólo en las cartas sino también en Historia de mis desventuras, la autobiografía de Abelardo, escrita en 1132 .

“Evidentemente, en los amores entre Abelardo y Eloísa no se guardaron los cánones reinantes en el amor cortesano: “las realidades del amor no son sublimadas hasta las alturas del amor platónico; el amor físico de la criatura no conduce al amor del creador; la dama no es aquí la reina, sino la esclava”. No se trata de la expresión clásica del amor. Son amores más bien salvajes, atormentados por los conflictos entre la fe y la pasión. Nada hay de idealización en estos amores, todo es humano. Eloísa está dispuesta a sacrificarse enteramente por su amado. No quiere ser su esposa porque serlo redundaría en desmedro de la carrera de Abelardo. Lo llama “su único”. Realmente esto no entraba dentro de las normas del amor cortesano que reinarían a fines de siglo. ” José María Cigüela

No es sino en la muerte que los amantes vuelven a reunirse. Abelardo muereprimero y despues de mucha negociacion, Eloísa  logra que le entreguen los restos para darle sepultura. Ella muere dos decadas mas tarde y deja dispuesto que se le entierre junto a su amado (ver foto) y que se plante un rosal. A partir de ahi, nace la leyenda de los amores de Elosía y Abelardo.

 

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