Historias Famosas de Amor: John Kennedy y Jackie Bouvier

En el mes de mayo de 1951, John Kennedy y Jacqueline Bouvier se conocen en una fiesta. Ella es una señorita de la alta sociedad que está comprometida para casarse el año siguiente. Él ocupa un puesto político y se postula para senador. Es miembro de una de las familias más polémicas y poderosas de los Estados Unidos. A John nunca le interesó la política pero la muerte de Joe, su hermano mayor, destinado por Joseph, el padre de ambos, para ser presidente, lo obligan a aceptar lo que su padre dispone: sustituir a su hermano en esa aspiración.
John y Jackie mantienen relaciones un tanto secretas por un tiempo, dado que ella no ha roto su noviazgo. La madre de Jackie la presiona para que rompa con su novio, John Husted. Entre un corredor de bolsa y un senador millonario no parece que haya mucho que pensar. Jackie entiende esto, acaba con su compromiso y comienza a ser la novia de John. No se ven demasiado en los primeros meses. Ella se va a Europa y él hace campaña política. De todos modos, dejando satisfechos a Joseph y Rose, los padres de John, y a la madre de Jackie, ellos se casan el 12 de septiembre de 1953.

John tiene debilidad por las mujeres. Nunca es fiel. Mantiene amoríos con una buena cantidad de estrellas de cine. Se las presenta su cuñado, Peter Lawford, actor simpático y mediocre, que forma parte del clan Sinatra. Entre esas actrices se encuentra Marilyn Monroe, con la que tiene un muy famoso romance y hasta un hijo que no nace porque ella se hace un aborto en México. Cuando John llegue a la presidencia, ella será “la amante del presidente”.

Jackie, cuando John es senador, sufre un aborto espontáneo y, luego, da a luz a un hijo ya muerto en su vientre. Hacia 1958, la relación de la pareja es muy inestable. Las infidelidades de John son abundantes y Jackie tiene un amante. A comienzos del año siguiente, Jakie decide divorciarse pero Joseph interviene. Hará lo siguiente: le dirá a Jackie que John será el próximo presidente de los Estados Unidos y que no puede estar divorciado, mucho menos, siendo católico.
Para terminar de convencerla, firma con ella un contrato en el que le paga doscientos mil dólares mensuales para que siga siendo la esposa de John. El dinero es, nada más que para sus gastos personales, además, cuenta con todo el que John le dé. El trato incluye la búsqueda de hijos ya que esto favorece la imagen del futuro presidente.
Sobre qué es conveniente para la imagen del candidato lo sabe Joseph porque, por primera vez en la historia, ha contratado a un equipo de publicistas para que construyan un candidato de acuerdo a la opinión de la gente. Del mismo modo en que se inventan las estrellas de Hollywood, así se inventa un político. John dirá y hará lo que la gente espera que un futuro presidente haga y diga. Esto se descubre mediante el procedimiento de tomar encuestas de opinión pública. La gente desea un presidente joven, que tenga una hermosa mujer y pequeños hijos; que sea rubio, que se muestre seguro, que sea héroe de la guerra y deportista.
Al margen de las condiciones reales que John tiene para el puesto, acaba ganando una elección casi imposible de ser ganada frente a Richard Nixon, porque la mayor parte de su historia ha sido inventada, incluido, naturalmente, que sea un héroe de guerra.

Kennedy se convierte en presidente y la historia de amor con Jackie recorre el mundo. Son la pareja más admirada y la muestra viviente del amor soñado. Ambos son jóvenes, atractivos, inteligentes, simpáticos, con personalidad, dinámicos. Sus fotografías cubren los diarios y revistas de todo el mundo. Siempre se los ve radiante y felices. Para mayor felicidad, Jackie tiene a John John y a Caroline. La familia perfecta, de padres perfectos e hijos perfectos. La fotografía de John John entrando al despacho presidencial en medio de una reunión de gabinete y su padre interrumpiéndola para atender a su hijo, da la vuelta al planeta. Un presidente que antes que presidente es padre. Esto dicen los epígrafes y los titulares. John y Jackie llegan a la cima: son el símbolo de la familia.
Entretanto, John se acuesta con Marilyn Monroe, que le canta el “Feliz cumpleaños” frente a una multitud, el 29 de mayo de 1962, sin que Kennedy estuviera avisado. El 5 de agosto de ese año, Marilyn aparece muerta en su casa por “sobredosis de barbitúricos”, según el informe provisorio de la policía ya que se sospecha que ha sido asesinada. De todos modos, la investigación policial se detiene de inmediato y Marilyn ha muerto por “exceso de barbitúricos”.
John es muy activo sexualmente, no solo ha tenido a  Marilyn como amante, también a Mary Pinchot Mayer, una señora de alta sociedad. Para los momentos que le quedan libres, tiene sexo con las muchachitas que trabajan en la Casa Blanca y con las mujeres que le provee el mafioso Sam Giancana, ya que la familia Kennedy nunca ha interrumpido sus negocios con la mafia. De esa relación nace la mayor parte de su poder.

Jackie tiene la cabeza muy lejos de la política. Sus preocupaciones son sus vestidos, sus peinados, y estar bella todo el tiempo. John se siente demasiado seguro de sí mismo como para temer algo en contra suya.
Sintiéndose poderosos e intocables, se suben a un automóvil descapotado en Dallas, el estado de Norteamérica donde John Kennedy tiene más opositores y enemigos, y se pasean ufanos, como siempre, en medio de una multitud.

John Kennedy cae muerto por tres disparos. Jacqueline se salva. Lee Harvey Oswald, el único asesino según el informe Warren, es asesinado pocas horas después del crimen. Lo mata Jack Ruby, un mafioso que sufre de cáncer. Ruby dice haber matado a Oswald porque él es un patriota. Todo es creído por los norteamericanos. Hasta el dolor de Jackie.
La viuda sufriente tiene la compasión de las mujeres de todas partes del mundo, que se identifican con ella y la ven como la desdichada esposa que queda sola con dos hijos pequeños. Para que todos sepan cómo sufre, una semana después de la muerte de su marido, Jacqueline da un reportaje a la revista Life y sale en la tapa, como siempre.

La sufrida Jacqueline Bouvier, viuda de Kennedy, temerosa de que a sus hijos les pase algo ya que cree que pretenden asesinar a toda la familia (lo que es contradictorio con lo que dicen los investigadores, los periodistas, y la gente cree) toma una decisión como madre: irse de Estados Unidos para protegerlos. Esto es lo que dicen los periódicos. Hay grandes dificultades para justificar lo siguiente que hace Jackie: casarse con el magnate y play boy griego Aristóteles Onassis, famoso por su fortuna, sus juergas, y sus amoríos con María Callas, la diva de la ópera.
Onassis se da el gusto de tener un trofeo y conseguir un enlace con los Kennedy para sus negocios turbios. Jacqueline, un  marido que le da mucho dinero para sus gustos. Ahora, lo que Jackie hace parece extravagante y da la sensación de ser una cazafortunas. Onassis hastiado del trofeo, de los gastos que le provoca y de las infidelidades de Jackie, se divorcia.
La viuda de Kennedy, la protagonista de una de las más extraordinarias historias de amor del siglo veinte, según la creencia popular, consigue una tercera pareja en un riquísimo comerciante de diamantes, el belga Maurice Tempelsman.
John Kennedy muere a la edad de 46 años. Jackie, de cáncer, en 1994, a los 64.
John y Jackie formaban la pareja más popular del mundo. Todos soñaban con un matrimonio como el de ellos. Fue una pena que el día del atentado, Jackie reaccionara de modo normal: tratar de salvarse ella. Lo hizo con muy poca elegancia y, lógicamente, olvidándose, por primera vez, de que la estaban filmando y fotografiando. No es reprochable que no buscara proteger a su marido. Aunque quizá lo sea si se piensa en ella como la esposa modelo y la madre ejemplar. Y en que la historia de John y Jackie se consideraba como una de las más grandes del siglo. Tal como la han contado los norteamericanos para sí mismos y para el mundo. Sin embargo, en ese instante en que escapa y queda en cuatro pies sobre el baúl del coche, Jackie deja al desnudo la realidad de su vida y la de su marido.

 

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