Isis y Osiris: La Primera Historia de Amor

 

Cuesta creer, después que uno la conoce, que la historia de Isis y Osiris no se encuentre entre las historias de amor universales, como Romeo y Julieta, Dante y Beatriz, Tristán e Isolda, Cleopatra y Marco Antonio. Pero si el amor es algo que sobrevive mas allá de los problemas, intrigas, separaciones e incluso la muerte, pues el amor de Isis y Osiris ciertamente merece estar en primera fila de las grandes historias románticas. Como en todas las leyendas, hay muchas versiones, asi que les voy a contar la que más me gusta.

En la mitología egipcia, Isis, Osiris y Set son tres dioses-hermanos, hijos de la diosa del cielo (Nut) y el dios de la tierra (Geb), aunque algunos sugieren que Osiris fue originalmente un faraón un humano al que se le  fue otorgada la divinidad e inmortalidad por sus buenas obras. En cualquier caso, Isis y Osiris se enamoraron y casaron (recordemos que en la antigua cultura egipcia era común que los hermanos reales se casaran entre ellos para mantener la pureza de la sangre).

Set sin embargo, sentía gran celos de Osiris, amado por dioses y humanos por igual (se le adjudica a Osiris la invención de la agricultura y las leyes) y quería usurpar su poder y reinado. Así que un día, en conjunción con otros hombres y divinidades menores, invitó a los dioses a un festín, incluyendo por supuesto, a la enamorada pareja. En medio de la fiesta, Set produjo un impactante sarcófago de oro y dijo que se lo regalaría a la persona que cupiera perfectamente en el. Por supuesto que el astuto Set había mandado a construir al sarcófago con las medidas de Osiris. Cuando éste se introdujo en él, sus cómplices se lanzaron sobre Isis y la sujetaron mientras  Set  sellaba al sarcófago y lo lanzaba al Nilo.

Ahora, si Set pensó que Isis se iba a quedar de lo más tranquila ante esta infamia, obviamente no conocía muy bien a su hermana. Después de todo, estamos hablando de la diosa que engañó al gran dios Ra para que le dijera su verdadero nombre y asi ella obtener toda la magia del mundo. Ni corta ni perezosa, Isis fue a donde Thoth, el  dios de la sabiduría, a pedir consejo. Isis se lanzó pues a la aventura, viajó por  todo Egipto y mas allá, buscando pistas, se hizo pasar por sierva en el palacio del rey Biblos, hasta que por fin dio  con un árbol a las riveras del Nilo, en cuyas raíces había quedado atorado el sarcófago con Osiris. Isis regresó al sarcófago a Egipto, pero Set tampoco se dio por vencido y en un descuido de la diosa, descuartizó el cuerpo de Osiris, que todavía no había sido reanimado, y lanzó las partes por  todo el país.

Una vez más, Isis tuvo que emprender su búsqueda. Con paciencia de hormiga fue recuperando los pedazos del cuerpo de su esposo. La diosa encontró todas, menos el falo. Siendo Isis, creó un falo de oro; ató las partes de Osiris con vendas (de ahí lo de la momificación) y devolvió al espíritu del esposo al cuerpo con su magia, algunos dicen que después de tener sexo con él, por lo que su hijo, Horus, fue engendrado no por el Osiris físico, si no el espiritual.

Osiris se convirtió en el dios del otro mundo, de las almas y no los cuerpos. Su hijo, Horus,  después de pasar muchas desventuras con su madre, por fin venció a Set y se erigió como dios de los hombres; e Isis, la gran diosa, dividió su tiempo en entre el Aquí y el más Allá, para servir al esposo y al hijo, a los vivos y a los muertos, a la tierra y al cielo, convirtiéndose en la mayor de las diosas egipcias, una que transcendería incluso Egipto para ser adorada en Roma, en Europa y en Asia y cuya imagen serviría de inspiración para crear las representaciones de otra gran madre: María.

En su tiempo Isis fue conocida como la Reina de los Cielos, la Madre de la Dioses, la Protectora de los Pobres y Débiles,  La Que es El Todo, Luz del Cielo, Señora de la Magia. Se dice incluso, que las famosas madonas negras, son representaciones de Isis y Horus, adaptadas por la Iglesia y cuyo origen se olvidó con el tiempo. Y todo comenzó por su amorosa y poderosa devoción al esposo perdido, al que amó más allá de la desesperanza, del cansancio, del peligro, del cuerpo y de la vida misma.

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