Jhon Lenon y Yoko Ono

Con el disco “La banda del sargento Pepper” Los Beatles se convirtieron en el grupo musical más famoso del mundo. Los cuatro, John, Paul, George y Ringo, tenían tanta fama y dinero como nunca pudieron imaginar.

John siguió siendo lo que siempre había sido: egocéntrico, soberbio, golpeador de mujeres. También, mantuvo sus gustos: alcohol y drogas, pero de mejor calidad.

En 1962, John se había casado con Cynthia Powell, su amiga y novia desde la escuela, cuando ella quedó embarazada, le prohíben a Cynthia que diga ser la esposa de Lennon, porque las fanáticas pueden sentirse desanimadas. Cynthia hace caso y se queda en las sombras.

Los Beatles cambian la historia de la música popular. El disco ejerce tanta influencia que cambian los gustos musicales, la estética en el vestir, la forma de hacer publicidad, la gama de colores en los afiches. El disco es el himno de los años sesenta y Los Beatles dejan de ser un grupo que suena parecido a muchos otros y se convierten en los líderes absolutos de la música.

La relación entre Jhon y Yoko comienza un día que va a una galería de arte. En ese lugar está la única persona en el mundo que no lo reconoce al verlo: Yoko Ono.

Yoko es una aristócrata japonesa. Su padre es muy rico y poderoso, un miembro de la familia Yasuda y un banquero influyente en todo el mundo. Yoko se dedicaba a enamorarse. Se casa dos veces y se divorcia otras tantas.

Al empezar el noviazgo, la relación resulta extraña para todos. Todos decían que Yoko es fea y que él puede conseguir mujeres más bellas y también la culpan de la discordia que hay entre los integrantes de los Beatles.

Pero la realidad era otra, el gripo pasa por muchos problemas: la muerte de Epstein (el verdadero líder del grupo) y el productor George Martin (que sin su manejo de la consola de sonidos “La banda del sargento Pepper” hubiera sido imposible); el sello discográfico Apple que produce tensiones comerciales entre John y Paul; y los créditos porque todo el tiempo Lennon quiere ser el principal.

La idea de culpar a Yoko no es mala. Una japonesa fea y mala, que no es como las chicas inglesas, rubias y buenas, destroza al conjunto musical más famoso del mundo.

Yoko es culpable de todo. Ella tiene dominado y él hace lo que ella quiere.

Si él ha sido un golpeador y un machista, no importa. Si consume LSD y heroína hasta ver en multicolor las cuerdas de la guitarra, no importa. Yoko es fea y japonesa y quiere el dinero de John. Una chica inglesa se casaría con él por amor. Una japonesa, nunca. No importa que el padre de la chica japonesa tenga diez veces más dinero y poder que Lennon. Lo que importa es que no es inglesa, tenga otro color de piel y no encaje en los moldes de belleza europeos.

La cuestión es que los Beatles se acaban en 1970 y un año antes, John y Yoko se han casado.

John decide ir a Estados Unidos pero tiene problemas. No lo dejan quedarse por drogadicto y por sus problemas con  la justicia inglesa. Pero Yoko tiene buenas relaciones, o mejor dicho su padre y Lennon se queda.

Yoko le lleva siete años y sabe cómo calmarle las ansiedades, las angustias y las depresiones. Le hace masajes especiales, practica con él técnicas de relajación y lo lleva a terapia psicológica. Así, John puede serenarse, consumir menos droga y hasta deja de golpear mujeres. Él mismo asegura que Yoko es la única mujer a la que nunca le dio una trompada.

John y Yoko pasan todo el tiempo publicitando lo que hacen. Fotografían y filman cada hora de sus vidas, aunque estén en el baño. Consideran que son dos personajes históricos y quieren dejar un documento a la historia. En toda manifestación por la paz, contra la guerra de Vietnam, ahí están. Esto no es bien visto por el FBI ni por la CIA. En definitiva, Lennon es un inglés y no tiene por qué criticar a Estados Unidos, el país que lo recibe. A Lennon no le importa nada. Es Lennon. Aunque sus discos no estén en los primeros lugares de las ventas. El que será un himno años después, “Imagine”,  apenas se ha colocado quinto en las ventas. Lo que es mucho para otro pero poco para el dueño del mundo. Y lo que es peor: “Yesterday”, compuesto por Mc Cartney se va convirtiendo en el tema más grabado del mundo y a Paul le va bastante bien solo. Hasta George tiene un buen éxito con “My sweet lord”.

Las cosas no están saliendo como tienen que ser para John y Yoko. El matrimonio parece ir al desastre. Pero Yoko tiene ideas originales. Si ha sido capaz de dar un concierto sin música; de crear canciones que escucha ella sola porque están, nada más, dentro de su cabeza; de escribir un libro, “Pomelo”, al que algunos consideran genial.

Decidida a sacar a John de la depresión, le pide a su secretaria, May Pang, que se acueste con su marido. No solo que haga el amor con él sino que se lo lleve a vivir a otra parte. De modo que John y May se marchan para vivir juntos durante poco más de año y medio. John se siente muy bien. Sale todas las noches, se droga, se emborracha con sus amigos y le da algunas palizas a May, que las soporta porque no cualquier chica se acuesta con un Beatle.

De pronto, todo vuelve a estar mal para John. Otra vez se deprime y quiere volver con Yoko. La llama llorando todos los días. Ella se limita a responderle: “Todavía no estás listo para volver”. Lennon le ruega por más de un año. Al fin, Yoko se lo permite. Han estado tres años separados y pueden continuar con el matrimonio  lleno de fotos y películas para la posteridad.

Como músico, John no hace nada durante cinco años. Un poco por miedo a que el FBI o la CIA le hagan algo y, por el otro, porque no quiere seguir fracasando con la baja venta de sus discos. Tiene la excusa del nacimiento de Sean, el hijo que tuvo con Yoko. Sean le viene perfecto para esconder su fracaso y su temor atrás de la imagen de un padre que lo deja todo por cuidar al niño.

Es difícil entender a alguien como Yoko. Pero es que ella no es una mujer común ni su marido es un hombre como la mayoría. Ellos viven en un mundo propio, el mundo de John y Yoko. Son lo máximo y actúan de acuerdo a lo que se espera de ellos.

Yoko siempre lucha por los derechos de las mujeres, de las minorías y por la paz.

John vuelve a trabajar en 1980 pero no tiene la repercusión mundial que creían. Algo ha pasado en los últimos años. Como muchos otros, Los Beatles comienzan a ser olvidados. Las nuevas generaciones no saben quiénes son. Diez años borran la memoria de muchos. Le vaya bien o mal, John siempre tiene a Yoko a su lado. O atrás. Cuando camina por la calle, siempre va él adelante. Ella lo sigue como una sombra o como si él fuera su sombra.

Un tipo un tanto obeso sintió ganas de pasar a la historia. Era demasiado mediocre como para hacer algo que le diera éxito. Se le ocurrió una gran idea: matar a alguien famoso y quedar en el recuerdo como su asesino. En definitiva, eso mismo había logrado Lee Oswald y John Booth. Claro, ni Oswald ni Booth querían hacerse famosos; por el contrario, hubieran preferido mantenerse anónimos.  Como el tipo no tenía un presidente a su alcance, eligió a un músico: John Lennon.

Un poco antes de las 23 horas, la limusina dejó a John y a su esposa frente al edificio Dakota. Ellos bajaron y el tipo los acompañó en el trayecto hasta el patio de entrada. Allí, disparó cinco balazos. Cuatro de ellos dieron en la espalda de John.

Mientras Lennon se moría, el tipo se quedó parado leyendo un libro y esperando a que llegara la policía. Se sentía bien por haber pasado a la historia. No le faltó razón. Su nombre figura en las enciclopedias. Si se lo piensa, al llamarlo “un tipo” se lo castiga duro; si se lo nombra, recibe el premio. Para el relato da lo mismo como se lo nombre, de todos modos, el personaje es Lennon, no él.

John Lennon y Yoko Ono fueron protagonistas de una parte de la historia del siglo veinte. Juntos, vivieron diversiones y agonías. Tal vez, ella se sintiera un poco madre y él se comportara como un hijo. Tal vez, no. Tal vez, se quisieron mucho o no se quisieron.  Pero su historia como pareja llenó parte de un tiempo. Y eso es algo que nadie les puede quitar.

Yoko dijo que John había sido su marido, su amante, su amigo, su hijo, y el soldado que había luchado junto a ella. Muchos hombres querrían que su mujer hablase así de ellos. John lo consiguió.

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