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La Historia y el Sexo. 1era. Parte

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Cuando Estudiamos historia pensamos en los personajes históricos como seres aburridos y tan lejanos que de sólo pensar en eso nos da sueño. Pero la realidad es muy diferente a lo que cuentan los impersonales libros de historia. Las anécdotas que un buen historiados puede conseguir podría dejar a cualquiera horrorizada y con la boca abierta.

Normalmente nos presentan a las sociedades pasadas como moralmente correctas, pero la verdad es otra, si eso fue cierto, ni los puritanos, ni los victorianos hubiesen tenido nada que denunciar.

Por ejemplo, los isabelinos practicaban el sexo con tanta frecuencia, que se metieron en muchas dificultades por eso. Los registros ingleses revelan que entre 1558 y 1603 uno de cada 4 miembros de la iglesia fue acusado de algún delito sexual y se calcula que más de la mitad de los acusados eran culpables. Los delitos incluían fornicación, adulterio, incesto, bestialismo y bigamia.

Según mis colegas los investigadores históricos, la promiscuidad fue tan común a principios del siglo XVI en Inglaterra, Gales e Irlanda que la gente ya no se avergonzaba de ella, y ser “Hijo Ilegítimo” no era realmente ningún problema o estigma social.

La moral no era diferente que en otra época, pero la costumbre era casarse tarde, lo que hacía que la gente prolongara su soltería más de lo conveniente.

Otro ejemplo que me llama la atención era que a Elizabeth la llamaban la “Reina Virgen” una forma anacrónica de comedia para señalar que Elizabeth nunca se casó pero sin embargo tuvo muchos hijos que nunca fueron reconocidos como parte de la corona inglesa.

Un hecho curioso acerca de la institución del matrimonio en el Reino Unido es que antiguamente no estaba apoyada por la tradición, en el siglo XII fue cuando los ingleses comenzaron a casarse por la iglesia, y es en el siglo XVIII cuando se legalizó y se exigió los vínculos legales. El hecho es que la mayor parte de la historia nadie se ocupó mucho por saber si una pareja era casada o no.

Imagínense entonces a los de clase baja, quienes carentes de pudor, no necesitaban santificar  la cohabitación para vivir juntos. Los ricos sí, desde luego, porque para ellos significaba un intercambio de bienes.

¿Cuántos se casaron en realidad en la época Isabelina? Pues aproximadamente el 50% de la población.

El problema de la bodas por la iglesia es que resultaban difíciles de deshacer si la pareja descubría con el tiempo que había cometido un error, además de que costaban mucho dinero.