Archivo de la categoría: Historias Famosas de Amor

Historias Famosas de Amor: Rainiero de Mónaco y Grace Kelly

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Grace tenía 25 años, había ganado un oscar y era un de las bellezas más famosas del mundo. En la primavera de 1955, fue al festival de Cannes, ya que fue invitada a una sesión de fotos con el Príncipe de Mónaco, para publicidad turística, pero dijo que no iba a ir porque a esa misma hora tenía un turno en la peluquería. A base de insistencias, Grace fue a la sesión y los dos charlaron y se sintieron atraídos el uno por el otro. Al volver ella a los Estados Unidos, comenzaron a cartearse con el padre Tucker como mensajero. Rainiero la siguió hasta EE.UU para establecer un romance con ella, después de obtener el consentimiento de sus padres. Rainiero le regaló a Grace un anillo de compromiso. Ella decidió no quitárselo mientras filmaba su última película en Hollywood, “Alta Sociedad”. Los Grimaldi reclamaron un examen ginecológico para ver si Grace podía tener hijos. Kelly estaba muy preocupada porque ese examen además iba a demostrar que ella no era virgen. Rainiero ordenó que el examen se pasara por alto y en aquel momento la prensa no se enteró del asunto.

Se casaron el 18 de abril de 1956. A partir de entonces su vida y su trabajo estuvo dedicada por entero a su familia y al Principado. El 23 de marzo de 1957, nueve meses y cinco días después de la ceremonia nació su primera hija, la princesa Carolina y el 14 de marzo del año siguiente, nació Alberto, poco tiempo después Estefanía. Instalada en el trono de su reino encantado, Grace de Mónaco tuvo muchas otras vidas. Madre, mujer de mundo, princesa, también, de un reino que también tiene realidad histórica y su esposo estaba reconstruyendo. Rainiero devolvió a su patria el orgullo de una cierta independencia y palmaria prosperidad. Grace supo poner su gracia natural al servicio de causas bien reales y materiales.

En 13 de septiembre de 1982 la princesa sufrió un accidente cuando conducía su coche por una carretera cercana a Mónaco. Llevaba a su hija Estefanía como acompañante, quien salió ilesa. Al dia siguiente, la princesa murió sin recobrar el conocimiento, tenía 52 años. Rainiero nunca pudo superar la pérdida de su esposa, alejándose gradualmente de la sociedad para vivir aislado en palacio. Tras varias hospitalizaciones, su salud fue deteriorándose. Murió el 6 de abril del 2005, a los 81 años.

Historias Famosas de Amor: La Escalera al Cielo

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Liu, el Chino de 70 años de edad quien cavó a mano más de 6,000 gradas en lo alto de una montaña para su esposa de 80 años de edad ha muerto en la cueva que ha sido el hogar de la pareja por los últimos 50 años.

Hace más de 50 años, Liu Guojiang, un muchacho de 19 años se enamoró de una madre viuda de 29 años llamada Xu Chaoqin.

En un rollo digno de Romeo y Julieta de Shakespeare, amigos y parientes criticaron la relación debido a la diferencia de edades y el hecho de que Xu ya tuviera hijos. Para esa época, era inaceptable e inmoral para un hombre joven el amar a una mujer mayor. Para evitar el murmullo en el mercado y el desprecio de sus comunidades, la pareja decidió fugarse y vivió en una cueva en el condado de Jiangjn en la sureña municipalidad de ChongQing.

Al principio la vida fue dura ya que ellos no poseían nada, ni electricidad y ni siquiera alimentos. Tuvieron que comer pasto y raíces que encontraron en la montaña y Liu construyó una lámpara de kerosene que usaban para iluminar sus vidas.

Xu sentía que había atado a Liu y repetidamente le preguntaba, ‘¿estás arrepentido?

Liu siempre le respondía,

‘mientras seamos laboriosos, la vida mejorará.’

En el segundo año de vivir en la montaña, Liu empezó y continuó por más de 50 años, a cavar las gradas para que su esposa pudiera bajar facilmente la montaña.

Después de medio siglo, en 2001, un grupo de aventureros estaban explorando el bosque y se sorprendieron al encontrar a la vieja pareja y las más de 6,000 gradas hechas a mano. Liu MingSheng, uno de sus siete hijos dijo,

‘Mis padres se amaban tanto, ellos han vivido en reclusión por más de 50 años y nunca han estado separados un solo día. El hizo más de 6,000 gradas a través de los años por la conveniencia de mi madre, a pesar de que ella no baja mucho la montaña.’

La pareja ha vivido en paz por más de 50 años hasta la semana pasada. Liu, ahora de 72 años regresó de su labor agrícola diaria y colapsó. Xu se sentó y oró por su esposo mientras moría en sus brazos. Tan enamorada de Xu estaba Liu, que nadie fue capaz de liberar el agarre que él tenía en la mano de su esposa aún después de muerto.

‘Tú me prometiste que cuidarías de mi, siempre estarías conmigo hasta el día en que muriera, ahora tú te fuiste antes que yo, ¿cómo voy a vivir sin ti?’

Xu pasó días repitiendo suavente estas palabras y tocando el ataúd negro de su esposo con lágrimas rodando por sus mejillas. En el año 2006, su historia se convirtió en una de las 10 historias de amor más famosas de China, recogida por el Chinese Women Weekly. El gobierno local ha decidido preservar la escalera de amor y el lugar en que vivieron, convirtiéndolo en un museo para que su historia de amor pueda vivir para siempre.

Historias Famosas de Amor: El Taj Majal

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El emperador Shah Jehan y Muntaz Mahal: quizá sus nombres no te digan mucho, pero si seguimos recordando a esta pareja 400 años después de su muerte, es porque su amor inspiró una de las siete maravillas del mundo y el monumento más famoso de la India, el Taj Mahal. El heredero del Imperio Mogol se enamoró perdidamente de una princesa persa-musulmana, que se convertiría en su segunda esposa y favorita de la corte. Pero tras dar a luz a su catorceavo hijo Muntaz Mahal murió, no sin antes pedirle cuatro deseos a su marido: que se casara de nuevo, que fuera bueno con sus hijos, que le construyera una gran tumba y que fuera a visitar su tumba al menos una vez al año en el aniversario de su muerte.
Al deseo de Mahal le dedicó el emperador toda su vida, convirtiéndose en su gran obra y paradójicamente en su destrucción, su obsesión se transformó en locura y el esfuerzo económico le supuso su ruina y la pérdida de su reino, uno de sus hijos le derrocó y Shah Jehan fue encerrado en el fuerte de Agra, donde pasó el resto de su vida contemplando entre rejas el monumental mausoleo construido por amor.

Historias Famosas de Amor: Romeo y Julieta

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Tragedia de William Shakespeare sobre las desventuras de una pareja de enamorados que sufre la terrible enemistad de sus familias: Montescos y Capuletos, en la ciudad de Verona, ltalia. La muerte de ambos cierra la historia de amor más conocida de la Tierra. En una de las líneas más sentidas, Julieta dice: “Romeo, Romeo, ¿por qué eres Romeo” haciendo referencia al nombre que obligaba a la separación de ambos.

Verona, mes de julio. En un baile de máscaras se conocen Romeo Montesco y Julieta Capuleto, quienes se sienten inmediatamente atraídos. Romeo le declara su amor cuando la visita en el balcón de la casa familiar. Pero siendo conscientes del odio que separa a las dos familias nobles, eligen casarse en secreto ante el sacerdote Lorenzo. Luego, en una lucha personal, uno de los Capuletos mata a un amigo de Romeo y éste a su vez, da muerte al matador. Romeo es obligado por su familia a ocultarse en Mantua. El padre de Julieta, que desconoce la boda secreta, quiere obligar a su hija a casarse con el conde Paris. Julieta visita al sacerdote pidiéndole consejo, pues ni quiere ni puede romper su voto matrimonial.

El religioso le da entonces una poción que produce en las personas la apariencia de la muerte secándolas profundamente. De tal forma, piensa el sacerdote, Romeo vendrá en su rescate. Ella toma el engendro. Romeo regresa a Verona al tener noticias de la muerte de Julieta y, lleno de odio, mata a Paris. Luego encuentra a Julieta supuestamente “muerta”. Incapaz de soportar tanto dolor, Romeo le da un último beso, se toma un veneno y cae muerto a sus pies. Cuando Julieta se recupera del letargo y comprueba la muerte de Romeo, ella también se suicida, clavándose una daga en el pecho.

Tras la terrible tragedia de muertes y odios rodeando el amor imposible y eterno, las familias superan las distancias y se reconcilian. Romeo y Julieta ha sido llevado al cine, al teatro, a la danza, se han compuesto sinfonías, conciertos, poemas sinfónicos, ballets y se han producido centenas de pinturas y esculturas.

Cristina de Suecia: el trono por un amor.

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En mis tiempos de adolescente a menudo me preguntaba por qué las grandes historias en las que se habla del verdadero amor, de ese que traspasa barreras, tiempo y distancias había implicito sacrificio y sufrimiento. Sin embargo, entre las historias memorables de sacrificio y dolor ninguna parece ganarle a la reina Cristina de Suecia(1626-1689), capaz de abdicar del trono a cambio de un amor poco ortodoxo para la realeza.

Cristina de Suecia nació en Estocolmo. A lo seis años ocupó el lugar del rey Gustavo Adolfo II, su padre, aunque sin plena potestad puesto que era solo una niña. Fue educada para ejercer el trono con total resolución, para ello, su padre la crió como si esa muchacha frágil y poco agraciada fuese un príncipe. Cristina se destacó rápidamente en actividades exclusivamente masculinas, como la caza y el deporte, siendo una excelente jinete y muy hábil en el manejo de la espada, o por lo menos, es lo que nos cuenta la historia oficial, pero  lo cierto es que Cristinano fue criada como un hombre, sin contar que aquel comportamiento era natural en ella, así como el amor por otras mujeres.

Durante la regencia de Axel Osenstierna, Cristina se mostró educadamente indiferente ante los hombres. Disfrutaba, en cambio, de la compañía de intelectuales, poetas y pensadores; entre ellos, René Descartes, quien vivió dos años en su corte. Su fuerte defensa de las artes le ganó el apodo de la Minerva del norte.Cristina era tan sensible como emocionalmente inestable, acaso debido a las clausuras sentimentales de su época, que bien permitían deslices amorosos pero jamás una elección sexual abiertamente alternativa.

Los años pasaron sin bodas ni descendencia. En 1647 fue entrevistada oficialmente por el Consejo del Reino para averiguar las razones de esta demora. Presionada por las autoridades, que insistían en que contraiga matrimonio con su primo Carlos Gustavo, un héroe nacional, Cristina se tomó unos días para elaborar sus argumentos. Mientras tanto, en una gran muestra de habilidad estratégica, hizo circular el rumor de que mantenía una relación íntima con el conde de Pimentel, embajador español en Suecia.

Aquel período de reflexión se dilató por dos años. En 1649 anunció con no contraería matrimonio con Carlos, ni con ningún otro hombre. La alarmante posibilidad de no dejar descendencia fue demasiado para los nobles, que aumentaron la presión haciendo correr rumores escandalosos sobre la reina. En 1654, cansada de oír falsedades, Cristina de Suecia comunicó su decisión de abdicar de la corona.

Realmente no dió razones concretas, pero con el tiempo se entenderían sus motivos. Se hicieron grandes esfuerzos para cambiar su opinión, pero Cristina se mostró imperturbable. Finalmente, el Consejo la intimó a dar una explicación sobre lo que consideraba un acto radical y extraño, a lo que ella respondió: “Si el sabio Consejo conociera las razones, no le parecerían tan extrañas.”

El 6 de junio de 1654, en el salón principal del castillo de Uppsala, Cristina de Suecia se quitó las insignias reales y su primo asumió el trono bajo el nombre de Carlos X Gustavo y libre de sus obligaciones como reina, Cristina se dispuso a vivir abiertamente una relación, hasta el momento, clandestina, que venía manteniendo desde la adolescencia con su prima y ayudante de cámara, Ebbe Sparre, apodada “Belle” a causa de su deslumbrante belleza. Durante años habían intimado en un prudente anonimato, encontrándose a escondidas en las habitaciones oscuras del palacio de Uppsala, cambiando miradas cómplices ante obispos y nobles homogéneos; besándose en secreto cuando la soledad y el sigilo se imponen sobre el reposo de los regentes.

Cristina de Suecia estuvo dispuesta a abdicar del trono a cambio de libertad y a no considerarse a sí misma como un útero para cultivar honorables sucesiones, pero temiendo las represalias de la opinión pública, Ebbe Sparre le confesó aCristina su incapacidad para vivir su relación de un modo abierto, y acto seguido contrajo nupcias con un caballero prolijamente heterosexual.

Sola y abatida, Cristina abandonó Suecia. Viajó por toda Europa disfrazada de hombre hasta que se estableció en Bruselas. Acaso para simular despecho se obligó a mantener relaciones ilegítimas con el marqués de Monaldeschi, quien sería asesinado en 1657. Algunos la acusan de este crimen.

Cristina de Suecia murió en Roma a los 63 años, lúcida y activa, prodigando dones y madrinazgos a distintos artistas. Tras su
fallecimiento se intentó ocultar el largo epistolario entre ella y Ebbe, a quien le siguió deseando toda la felicidad del mundo aún después de que ésta la hubiese abandonado por un hombre. Ningún biógrafo sospecha un segundo de arrepentimiento en la decisión de Cristina de abdicar del trono por amor.

Dido y Eneas: una historia tragica que marco el fin de un pueblo

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Si  viste la película Troya con Brad Pitt, recordaras que al final, el personaje de Orlando Bloom,  Paris, le entrega una espada a un joven, que escapa de la masacre con un grupo de troyanos. En la mitología romana se le conoce como Eneas, hijo de la diosa Venus y un mortal y que de forma indirecta, será el padre de Roma, pues de su línea descenderán Rómulo y Remo, los fundadores de la ciudad. En la historia, Eneas escapa con su anciano padre y su joven hijo y llega hasta la isla de Cartago, donde pide asilo a la reina Dido. Cuenta la leyenda que Venus pidió a Cupido que lanzara una de sus flechas a la reina, para asegurarse que esta se enamorara de él y le prestara ayuda. Por otro lado, la Diosa Juno también interviene en el romance, pero por motivos opuestos. Conocedora del futuro de Eneas y odiando a los troyanos, espera que  al enamorarse Eneas de Dido, pues no cumpla con su destino y la sangre de los troyanos  desaparezca con el pasar de las generaciones, mezclada con la de los cartaginienses.

En cualquier caso, Eneas y Dido se hicieron amantes. Pero hay que decir que Cupido hizo mejor trabajo que Juno, pues si bien Eneas se enamoro hasta cierto grado de la reina, esta perdió la cabeza por el troyano. Pasado el tiempo y presionado por sus compañeros,  Eneas decide que es hora de partir y encontrar un nuevo hogar, una nueva nación para su gente. Dido le suplica que se quede con ella, ofreciéndole villas y castillas, pero a Eneas como que no le convenció eso de ser rey consorte. Viendo que el amante no está dispuesto a quedarse con ella, Dido se suicida, arrojándose a una pira.

Esta tragedia mitológica sería tomada siglos después como la razón del odio visceral entre Roma y Cartago. Un famoso orador romano, Catón, terminaba cada discurso con un “destruyamos a Cartago” a si viniera al caso o no. De Cartago sale el famoso general Anibal y sus elefantes que casi pone a Roma de rodillas, pero al final Cartago pierde y como dijo un comentarista de la época, a los cartaginienses, los romanos “no le dejaron ni los ojos para llorar.” Y todo, en teoría, por un amor truncado en aras de una ambición patriótica.

 

Pigmalión y Galatea

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Durante mucho tiempo Pigmalión, Rey de Chipre, había buscado una esposa cuya belleza correspondiera con su idea de la mujer perfecta. Al fin decidió que no se casaría y dedicaría todo su tiempo y el amor que sentía dentro de sí a la creación de las más hermosas estatuas.
Al rey no le gustaban las mujeres, y vivió en soledad durante mucho tiempo. Cansado de la situación en la que estaba, empezó a esculpir una estatua de mujer con rasgos perfectos y hermosos. Así, realizó la estatua de una joven, a la que llamó Galatea, tan perfecta y tan hermosa que se enamoró de ella perdidamente. Soñó que la estatua cobraba vida. El rey se sentía atraído por su propia obra, y no podía dejar de pensar en su amada de marfil.
En una de las grandes celebraciones en honor a la diosa Venus que se celebraba en la isla, Pigmalión suplicó a la diosa que diera vida a su amada estatua. La diosa, que estaba dispuesta a atenderlo, elevó la llama del altar del escultor tres veces más alto que la de otros altares. Pigmalión no entendió la señal y se fue a su casa muy decepcionado. Al volver a casa, contempló la estatua durante horas. Después de mucho tiempo, el artista se levantó, y besó a la estatua. Pigmalión ya no sintió los helados labios de marfil, sino que sintió una suave y cálida piel en sus labios. Volvió a besarla, y la estatua cobró vida, enamorándose perdidamente de su creador. Venus terminó de complacer al rey concediéndole a su amada el don de la fertilidad.
Ovidio dice así sobre el mito en el libro X de Las metamorfosis: «Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez, y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos.»

Cuando despertó en lugar de la estatua se hallaba Afrodita, que le dijo “Mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal”. De esa forma Galatea se transformó en una mujer real

El Führer y Su Eva Braun

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Hitler  no parecía ser un hombre de carne y hueso, sus relaciones  privadas, diversiones, sus amistades o sus debilidades íntimas, se ocultaban como un secreto de estado; tan sólo sus colaboradores Hess, Goebbels, Göring y otros que más tarde ocuparán los cargos importantes del Reich tenían acceso a su vida personal y lo seguían como su sombra. Su principal afición era tomar el té con su gran amor, Eva Braun, a la que había conocido en Berchtesgaden en 1929, cuando ella contaba diecisiete años. Se trataba de una joven rubia y sonrosada, de aspecto fresco y sano, tal como le gustaban a Hitler y como convenía a su ideal ario. Su carácter alegre y despierto hizo que esta mujer se convirtiese en compañera inseparable del Führer,  pero nunca llegaría a ser oficialmente la primera dama de Alemania.

Una noche de octubre, en 1929, la nueva asistente del estudio fotográfico Hoffmann en Munich, Alemania, se sonrojó al descubrir a un cliente mirando sus muslos mientras ella, subida en una escalera, extraía unos documentos de un archivo difícil de alcanzar. Un poco mas tarde, le preguntó a su jefe, Heinrich Hoffman: ‘¿Quién es ese hombre del bigotito raro?’ . Hoffman quedó sorprendido de que la joven no lo hubiera reconocido y le dijo que era Adolfo Hitler. Así fue que Eva Braun conoció a su primer y único amor.

Su mente era tan superficial, que en 1929 tenía sólo una vaga idea de lo que era el partido nazi (que para ese entonces contaba ya con casi medio millón de miembros). De lo que si Eva rápidamente se dio cuenta, fue de que la persona que podría ayudarla a salir de su mediocre situación era el hombre del bigotito raro. Por eso comenzó a quedarse en el estudio después del trabajo, para escudriñar los catálogos de fotos de Hitler y sus esbirros. Ella se rellenaba el sostén con papel tisú, pues había escuchado a Hoffman decir que el líder nazi tenía preferencia por las chicas de senos grandes. Poco a poco, el futuro Führer comenzó a enviarle pequeños regalos y notas.

Con su habitual excentricidad, su primera ofrenda fue una orquídea amarilla acompañada de un retrato de si mismo, autografiado (sus regalos, nunca fueron muy expléndidos). Eva se sentía halagada, pero pasó un año, antes de que Hitler le hiciera una invitación. Las salidas eran siempre iguales: cenar en su restaurante italiano favorito o ir a la ópera, donde Eva se aburría soberanamente. Testigos de aquellas salidas dicen que, durante este período, su relación era de padre/hija; ocasionalmente, Hitler le daba palmaditas en la mano llamándola ‘Mein Sonnenschein’ (mi rayo de sol).

Su relación con Adolf Hitler empezó en 1930, antes de la muerte de Geli Raubal, la sobrina de Hitler. Eva mentía a sus padres diciéndoles que hace horas extra. Hitler investigó sobre su pasado, ya que no quería sangre judía en la que será su amante, pero ella quiere casarse. Pensaba que “los hombres muy inteligentes deben estar con mujeres primitivas y necias que los dejen descansar”. Aunque Eva pasa gran parte de su vida esperando a Hitler, prefiere morir antes que separarse de él.

Durante los primeros meses de su romance, Eva tenía que soportar ver a Hitler con alguna aristócrata cargada de diamantes o del brazo de una ‘vamp’ del cine alemán, mientras que ella debía permanecer oculta, desconocida, sola. Su verdadero estatus era conocido sólo por unos cuantos amigos y oficiales del partido nazi. En su inexperiencia, no sospechaba que él tenía relaciones íntimas con ellas. En realidad el líder alemán era tremendamente promiscuo e incluso estaba involucrado en una aventura amorosa con Geli Raubal, su sobrina de 23 años. En septiembre de 1931, cuando Geli se enteró que él tenía una amante fija, una noche mientras su tío Hitler dormía a su lado, ella tomó la pistola y de un disparo en el pecho se quitó la vida.

Meses después, Eva presa de la desesperación y posiblemente pensando en Geli, se pegó un tiro; sin embargo su puntería era tan mala o estaba tan nerviosa que la bala solo le rozó el cuello. En 1935 hizo un segundo intento de suicidio; tomó pastillas para dormir, pero su hermana Ilse la encontró. En esta ocasión, Hitler le obsequió una villa privada en un suburbio de Munich y, al fin, la presentó a su círculo de íntimos.

Poco a poco, Eva logra ocupar un espacio en la vida de Hitler. Él la llama “conejita” o “tontita”; ella, “mi Führer”, y lo tutea. Comienza a recibir obsequios: dos perritos, abrigos de piel, un piso que pronto llena de regalos. Viaja con él como “secretaria privada”, o la llama por teléfono todos los días. Se encuentran y Hitler entrena con un tensor por las mañanas, para poder mantener luego el brazo extendido durante horas en los desfiles. Pero evitan que los vean juntos. En el refugio de Obersalzberg, Eva pasará gran parte de su tiempo entre 1936 y 1945.

En ese tiempo Eva vivía con una serie de reglas -impuestas por Hitler- más estrictas que las del hogar de sus padres: no podía escribir cartas ni llevar un diario: ni silbar, porque a Hitler le molestaba; ni hablarle antes de que él se dirigiera a ella, etc. La influencia de Hitler sobre Eva Braun era muy poderosa; tratando de complacer al dictador, ella estaba obsesionada con su apariencia física, e incluso su color de pelo ‘ario’…. era teñido. Eva no entendía que era justamente su forma de ser común, sencilla, lo que a él le gustaba. ‘Mientras más ‘grande’ el hombre, más insignificante debe ser la mujer’ solía decir el Führer.

Era una mujer atlética, de una atractiva belleza pasiva, risueña y alegre, muy dada a participar en las fiestas sociales. No obstante, Hitler no se mostraba en público con ella por razones de prestigio, y tampoco en círculos restringidos si había alguna visita importante, así que pasaba el tiempo encerrada en los apartamentos de Hitler de Berlín, Múnich o en el Berghof. Cuando dejaba que apareciese a su lado, la trataba como a una reina, y además de respetarla, siempre estuvo pendiente de que nadie le hiciera daño, porque en realidad la amaba.

En pleno sitio, estando a unos centenares de metros las fuerzas rusas, Hitler contrajo matrimonio con ella el 29 de abril de 1945. El día siguiente, ambos entraron en el despacho; antes Hitler mandó fusilar al cuñado de Eva, Hermann Fegelein, por intento de evasión y complicidad con Himmler en su traición. Al ser informada de este incidente, Eva interviene ante Hitler diciéndole: —Es joven, y su mujer espera un hijo, el único de la familia —implora—. No querrás que sea un huérfano. Hitler ordena su ejecución, y dice a Eva: —Es un traidor. Hay que ser implacable. No olvides a Mussolini y Ciano. Eva, impresionada por aquel paralelo histórico, deja de oponerse. —Tú eres el Führer —le dice—. Los asuntos de familia no tienen ya importancia.

Así, a 16 metros bajo tierra, Eva pasa las últimas semanas de su vida en el búnker. Hubiera podido salvarse, pero no quiso abandonar a su amante. El, como premio, la convirtió en su esposa. Vestida de tafetán y con sus joyas, firma por primera y única vez con el nombre de Eva Hitler. Tras la ceremonia se hace una fiesta y, durante la noche de bodas, fue cuando Hitler mandó a fusilar al cuñado de Eva por intento de evasión.

A las 3:30 de la tarde del 30 de abril de 1945 ambos entran al despacho de Hitler. Eva recibe una dosis de cianuro y una pistola, Hitler masca la ampolla y se pega un tiro en la cabeza. Eva no alcanza a percutar la pistola, muere por el veneno.

Hitler confió a su amigo Himmler que al morir volvería a reencarnar y que se casaría en la próxima vida con Eva Braun, “ya que en estas épocas le era imposible”, denotando las creencias espirituales del dictador.

Historias Famosas de Amor: Bonnie & Clyde

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Bonnie y Clyde fueron unos famosos forajidos, ladrones y criminales de Estados Unidos durante la Gran Depresión que captaron la atención de la prensa norteamericana y fueron considerados como “enemigos públicos” entre 1931 y 1935. Aunque la banda fue conocida por los robos a bancos, Clyde Barrow prefirió el robo a pequeños comercios y gasolineras. Hay numerosas historias de cómo se conocieron Bonnie Parker y Clyde Barrow. La más creíble es la que dice que se conocieron en enero de 1930 en la casa de unos amigos comunes. Bonnie se ausentó de su trabajo de camarera para acompañar a una amiga que se había roto un brazo, que recibió la visita de Clyde Barrow. Al charlar un poco, ellos se reconocieron mutuamente como personas amantes de las armas de fuego y de los coches rápidos. Ella tenía femeninas formas y una rapidez mental envidiable. En cambio, él era robusto y su espíritu oscilaba impredeciblemente entre la ternura y la violencia. Tenían 22 años cuando comenzaron a vivir un gran romance sobre ruedas y a ser perseguidos por la ley. La prensa sensacionalista los ayudó a ganar notoriedad. Sus audaces fugas generaron simpatía en la población porque ridiculizaban a un gobierno jaqueado por la recesión y las autoridades decidieron detenerlos de forma aleccionadora.

A pesar de estar palabras, entre 1932 y 1934, la llamada banda de Barrow realizó unas cuantas fechorías raptando a hombres de la ley o atracando establecimientos, normalmente lejos de su hogar y para conseguir el dinero que les permitiera volver a casa. Normalmente, la banda de Barrow no disparaba a nadie, siempre que tuvieran una vía de escape. De todas maneras, se contabilizan diez víctimas, todas a cargo de Clyde. Un ciudadano responsable acabó por denunciar en la Missouri State Highway Patrol a ese extraño grupo de inquilinos que se hospedaban en los apartamentos. A las 16 horas del 13 de abril de 1933, el sargento G. B. Kahler, de la MSHP, dirigió una redada. Los coches de policía bloquearon las salidas de los coches. Aunque cogidos por sorpresa, la banda respondió con rapidez y consiguieron matar a dos policías antes de poder huir. Con las prisas se dejaron la mayoría de sus posesiones en el apartamento donde se cobijaron, incluyendo la cámara con las que habían hecho las fotos que ya formarían parte de la leyenda. Estas fotos fueron difundidas por todo el estado. A partir de ese momento, Bonnie y Clyde tuvieron que utilizar sombreros y abrigos para ocultar su identidad. Conocidos por todo el país, tuvieron varias emboscadas sin éxito alguno por parte de las autoridades, debido a la cantidad de denuncias de los ciudadanos dada la fama obtenida en la época. Acosados, Bonnie y Clyde pasaron sus últimos días como prófugos sin la excitación de otras épocas. En ese clima de introspección, la muchacha escribió un poema que decía: “No son tan despiadados como los muestran / tienen un temperamento rudo / odian a todos los guardianes de la ley / a los soplones, a los buchones y a los desertores”.

Bonnie y Clyde fueron asesinados el 23 de mayo de 1934, en una carretera secundaria Cerca de Bienville Parish (Louisiana). Murieron a causa de una emboscada de cuatro oficiales de policía de Texas y dos de Louisiana. Según el levantamiento de los cadáveres, el coche contaba con un total de 167 agujeros de bala. Los oficiales tuvieron órdenes específicas de vaciar los cargadores de sus rifles y de sus pistolas. Según las declaraciones de Ted Hinton y Bob Alcorn: “Cada uno de nosotros tenía una pistola, una ametralladora y un rifle automático. Abrimos fuego con las automáticas. Se vaciaron antes de que el coche llegara a nosotros. Entonces usamos las ametralladoras. Había humo en el coche, y parecía que se iba a incendiar. Después de vaciar las ametralladoras, vaciamos las pistolas en el coche, que pasó por delante de nosotros y rodó 50 yardas por la carretera. Continuamos disparando incluso después de que el coche se parase. No teníamos otra alternativa.” Las versiones narradas por policías, cazarrecompensas y mercenarios eran tan contradictorias que en vez de desatar los festejos soñados, impulsaron una ola de críticas y los testigos denunciaron un sinfín de irregularidades.

No sólo no les dieron la señal de alto ni la oportunidad de rendirse pacíficamente sino que, además, después se dedicaron a limpiar la escena del crimen y robaron las pertenencias de los dos prófugos para venderlas como souvenirs, mientras que el cuerpo de Clyde fue trozado con saña. En su artículo “Bonnie and Clyde: Romeo and Juliet in a Getaway Car”, el escritor Joseph Geringer explica que Bonnie y Clyde gozaron de la simpatía de parte de la sociedad norteamericana, comparándolos con unos Robin Hood modernos y que, gracias a su muerte trágica, los encuadró en la leyenda. Tal y como pasó con Jack el Destripador, se puede considerar a Bonnie y Clyde como los primeros criminales famosos de la era moderna y su leyenda será perdurable en el tiempo al igual que el inmenso “amor entre balazos” que se predestinaban uno sobre el otro.

El amor nunca muere. Eso dicen los poetas románticos y los seductores empedernidos aunque pocas veces sea cierto. Sin embargo, nadie puede negar que hay amores que sobreviven a sus protagonistas. Este es el caso de Bonnie Elizabeth Parker y Clyde Barrow, la pareja de asaltantes que los estadounidenses aprendieron a temer y admirar con igual intensidad. El trágico final del bravo Romeo y la astuta Julieta provocó que al entierro asistieran 20 mil personas. Su violenta muerte no sólo inspiró normas que hoy rigen la labor policial sino también un apasionante mito que sigue creciendo. Todavía, cada año, miles de parejas visitan el lugar de masacre en la Autopista 154 al sur de Gibsland, Louisiana. No lo hacen para seguir sus malas artes, sino para prometerse el mismo amor que unió a Bonnie y Clyde.

 

Abelardo y Eloisa: un amor truncado

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La historia de amor entre Abelardo y Eloisa ocurre en la Francia del siglo XII. Eloísa es una joven de quince o diecisés años, que vive bajo la tutoría y cuidado de su tío Fulberto (canónigo de la catedral de París), quien contrata a Abelardo (reconocido filósofo de treinta y siete o treinta y ocho años) para que la instruya. Abelardo y Eloísa se enamoran y, tras unos meses, ella queda embarazada, motivo por el cual Fulberto entra en malos tratos con el maestro.  Abelardo decide subsanar esta relación casándose con Eloísa, a pesar de la renuencia que ésta manifiesta ante el matrimonio. Las nupcias se celebran en secreto y los amantes mantienen oculta su condición. Pero Fulberto no considera suficientemente reparado el honor de su sobrina y sale a pregonar la noticia de la boda. Ella, para proteger a su marido (a quien le serían negados los rangos eclesiásticos de divulgarse la relación) niega el matrimonio, dejando así a su tío en ridículo frente a la comunidad. Fulberto, por consiguiente, comienza a maltratar a su sobrina, por lo que Abelardo la envía al monasterio de Argentuil. Creyendo el tío que Abelardo la secuestra y oculta para proteger su perfil académico, decide tomar venganza de ambos y manda a castrar al amante. .

Debido a que imperaba la ley del Talión, ya sabemos lo que les pasó a los perpetradores (la investidura protegió al canónigo de sufrir el mismo fin, en vez su pena se redujo al destierro y a la confiscación de bienes). Tras los incidentes, Abelardo confina a  Eloísa al claustro y luego él hace lo mismo. Ella toma los votos luego de dar a luz a un niño al que llama Astrolabio en honor a la lección aplazada en la que lo concibió. De este niño se sabe prácticamente nada, a excepción del nombre y de que fue retirado del cuidado de la madre cuando era bebé. .Quedan así separados y es una carta que Abelardo dirige a un amigo la que llega inesperadamente a las manos de Eloísa. En ella él intenta consolar a un triste compañero contándole sus propias penas:

  Por la triste relación que me haces de tus desgracias veo cuan necesitado te hallas de pronto y eficaz consuelo; pero ¿crees, querido Filinto, ser el hombre único que llora y padece en el universo? ¡Ay de mí,  a quién te diriges! [la gente no cambia mucho a través del tiempo] Sabe y contempla mis desgracias, y las tuyas te parecerán menos sensibles luego que las compares…

O sea, que Eloísa se entera de todas las desventuras ocurridas a su amado mediante esta carta (Abelardo fue en ese decurso acusado de herejía y corrido de varios monasterios). ..Ella inicia entonces la correspondencia y es atraves de cartas que los mantes se comunicaran durante el resto de sus vidas.

 Procuro, cuanto menos, ocultar mi caída a las vírgenes que confiaste a mi cuidado[1]. Todas admiran mi virtud; pero si sus ojos penetrasen hasta lo íntimo de mi corazón ¿qué cosas no descubrirían? Allí, verían amotinadas mis pasiones, y que yo, gobernándolas a ellas, no puedo gobernarme a mí misma. [...] Esta criminosa ficción es loable de algún modo; así no causo escándalo a las gentes del siglo, tan propensas a formar malos juicios, ni perturbo la virtud de estas palomas, cuya conducta me está confiada: con un corazón henchido de amor hacia un hombre las exhorto a que amen a Dios solamente. Elosia

  El mundo que comúnmente se engaña en sus juicios, me cree sosegado; y como si no hubiera amado en ti sino la satisfacción de mis sentidos, piensan que te he olvidado. ¡Qué grosero error! Sin duda creo que imaginaron que el dolor y vergüenza de verme cruelmente maltratado me hacían abandonar el siglo; como si mi amor, ingenioso en buscar contentamiento, no fuera capaz de inventar mil placeres tan sensibles como el de que me privó Fulberto.

Abelardo

El amor visto como una tentación diabólica, la culpa por sentirlo, la pasión incontrolable, las confesiones y los recuerdos dominan las letras. Testimonio del amor que Abelardo siente por Eloísa queda no sólo en las cartas sino también en Historia de mis desventuras, la autobiografía de Abelardo, escrita en 1132 .

“Evidentemente, en los amores entre Abelardo y Eloísa no se guardaron los cánones reinantes en el amor cortesano: “las realidades del amor no son sublimadas hasta las alturas del amor platónico; el amor físico de la criatura no conduce al amor del creador; la dama no es aquí la reina, sino la esclava”. No se trata de la expresión clásica del amor. Son amores más bien salvajes, atormentados por los conflictos entre la fe y la pasión. Nada hay de idealización en estos amores, todo es humano. Eloísa está dispuesta a sacrificarse enteramente por su amado. No quiere ser su esposa porque serlo redundaría en desmedro de la carrera de Abelardo. Lo llama “su único”. Realmente esto no entraba dentro de las normas del amor cortesano que reinarían a fines de siglo. ” José María Cigüela

No es sino en la muerte que los amantes vuelven a reunirse. Abelardo muereprimero y despues de mucha negociacion, Eloísa  logra que le entreguen los restos para darle sepultura. Ella muere dos decadas mas tarde y deja dispuesto que se le entierre junto a su amado (ver foto) y que se plante un rosal. A partir de ahi, nace la leyenda de los amores de Elosía y Abelardo.